Es frecuente escuchar
que hay niños muy inquietos y con dificultades para seguir el ritmo de
la escuela. Además son niños que interrumpen las clases e importunan a
sus compañeros e incluso no logran los aprendizajes esperados.
Estos
niños probablemente padecen déficit atencional, que es una alteración
del sistema nervioso en la que existe dificultad para focalizar la
atención y mantenerla por periodos prolongados. Quienes padecen esta
alteración suelen distraerse con estímulos irrelevantes, esto hace que
tengan dificultades en la atención sostenida, incluso para terminar las
tareas. Además olvidan y pierden cosas frecuentemente y les cuesta
organizarse. Por otra parte, poseen capacidad intelectual normal.
Este
es un trastorno que surge habitualmente alrededor de los siete años de
edad y afecta a los niños en sus relaciones con su entorno familiar,
social y educativo. Se evidencia con mayor claridad cuando los niños se
incorporan a un establecimiento educacional. Además, este cuadro clínico
no siempre se presenta con hiperactividad.
Por
otra parte, existe el déficit atencional con hiperactividad, donde al
niño le cuesta mantenerse sentado, se mueve constantemente en su asiento
o juega con algún objeto. También habla excesivamente, tiene dificultad
para respetar turnos, contesta antes de terminar la pregunta e
interrumpe frecuentemente a otros. Esto provoca dificultades en la
conducta y relaciones sociales.
Los
expertos en esta materia opinan que el mejor tratamiento debería tener
un carácter muldisciplinario. Es decir, debería a lo menos involucrar
tres áreas: neurológica, psicológica y educacional.
Es
muy importante iniciar lo más temprano posible el tratamiento, porque
quienes presentan déficit atencional sufren un alto riesgo de tener una
autoestima negativa, debido al efecto de sus reiteradas experiencias de
fracaso y a la frecuente reacción negativa o de rechazo del ambiente
frente a sus dificultades.
Algunas recomendaciones para los padres que tienen niños con déficit atencional:
-Lo primero y más importante es llevarlo a atención especializada.
-Reducir
estímulos: ofrecer un ambiente sencillo evitando estímulos excesivos
(no tener juguetes y objetos que puedan distraer su atención, guardar
estos objetos y sacarlos solo en las ocasiones que se vayan a utilizar).
Además es muy importante eliminar los ruidos mientras realiza actividades escolares (apagar la televisión, la música, etc.).
-Aumentar
la estructura y el orden: cada cosa debe tener su lugar, los juguetes,
la ropa, los libros, con el fin de facilitar las rutinas. Estas rutinas
han de ser estables y predecibles para estructurar el tiempo, esto
produce seguridad en el niño. Conviene tener hábitos regulares, es
decir, horarios estables para comer, ver la televisión, hacer los
deberes escolares, etc.
-Especificar
qué comportamientos se consideran aceptables y cuáles no. Hay que
corroborar que el niño entendió aquello que se le solicita. Es decir,
debe saber qué es exactamente lo que se espera de él. De esta forma, si
quebranta alguna regla sabrá cuáles serán las consecuencias que podrían
acarrearle. Igualmente hay que reforzar o premiar los comportamientos
que se esperan que él realice.
Para los niños con déficit atencional e hiperactividad se sabe que es muy beneficioso la realización de actividades físicas.