Los
puntajes de la Prueba de Transición Universitaria, fueron el deja vu de
siempre. Las típicas entrevistas a los más exitosos (as), el cursi
desayuno con quienes lograron destacar sobre el resto y las frases
cliché respecto de que sería muy bueno que a todos les fuera bien, pero
nada, absolutamente nada de una crítica al sistema educativo chileno,
que sigue después de varias décadas, siendo el mismo sistema segregador,
dependiente del dinero, que va dejando en el camino a los que no pueden
o les cuesta más, que discrimina a los jóvenes con gustos “distintos” y
que finalmente se queda con un pequeño grupo de jóvenes que son la
noticia del momento, mientras decenas de miles de otros (as) jóvenes
quedan observando este triste espectáculo de mediocre satisfacción de le
educación chilena.
Los
resultados desde la perspectiva más crítica, son extremadamente
preocupantes, pues deja como conclusiones que más de la mitad de los
puntajes nacionales son de la región metropolitana (112 de 180), y que
las regiones extremas acumulan la menor cantidad de esos puntajes
nacionales (4 de 180), lo que demuestra las asimetrías educativas en
términos geográficos. Otra triste conclusión es que, de los puntajes
nacionales, más del 90% son de instituciones privadas o particulares
subvencionadas, y algunos casos aislados son alumnos (as) de los liceos
municipales o Servicios locales de educación.
Estas
cifras, que se repiten año a año, durante décadas, no han tenido
cambios significativos, y como podría ser así, si el modelo educativo es
la base del modelo económico neoliberal extremo en nuestro país. La
élite de este país se mantiene rica y poderosa gracias al modelo
educativo, el que se basa en que solo unos (as) pocos (as) llegaran a
cargos importantes
porque son parte de esa élite, y podrán lucrar de un país que prefiere
preparar médicos para una sociedad con personas enfermas, mientras que
en los países desarrollados se privilegia la prevención de enfermedades;
de un país que en las universidades públicas prepara a especialistas en
tributación, para que las grandes empresas paguen menos impuestos (el
Estado preparando profesionales para que el Estado recaude menos);
gerentes de empresas que serán los hijos o sobrinos de esta élite que
envía correos a los parlamentarios para que las leyes se hagan a su
pinta; lobistas que conocen a los Ministros y subsecretarios que ganaran
licitaciones a ultima hora (como la licitación del litio de Piñera a
días de dejar su cargo), y de otros (as) gerentes que se pondrán de
acuerdo para coludirse con el papel higiénico, las farmacias, los
pollos, el gas licuado, y un interminable listado de bienes básicos, y
un modelo que asegura que unos pocos (as) serán quienes se perpetuarán
en los cargos de decisión, mientras miles de chilenos y chilenas no
tendrán esa posibilidad, porque pasaron por un modelo educativo que los
(as) preparó para ser empleados (as), asalariados (as), trabajadores
(as), mano de obra barata y poco calificada.
El modelo educativo no va a cambiar, porque en si mismo, es la base del modelo
que mantiene a la élite en esa condición, viviendo y enriqueciéndose
del esfuerzo de la clase trabajadora y obrera, la que realmente genera
riqueza, pero que poco disfruta de ella.