No hubo bocinazos, tampoco se escucharon el destape de champaña al término de la jornada de este domingo con motivo del plebiscito, en donde, como ya sabemos, la opción en contra ganó claramente en las urnas, opción que tempranamente marcó una tendencia nacional en cada mesa en donde se iban contando los votos, dejando regalada al a favor, algo muy similar a lo ocurrido el 4 de septiembre del año pasado, en donde, la opción rechazo se impuso muy temprano sobre el apruebo.
Lo que sí podemos decir, es que al finalizar la jornada de este día domingo 17 de diciembre, en donde prácticamente no hubo celebraciones, a lo más algunos abrazos y tibios aplausos, nuestro país batió un record Guinness, al rechazar dos veces un texto Constitucional, algo que a nivel mundial llamó la atención, pues no hay precedentes que una nación en dos oportunidades hay dicho no a una propuesta.
Es que, si sacamos la cuenta, en solo quince meses, los chilenos dieron dos portazos sucesivos a las propuestas constitucionales, que buscaba intentar cerrar el proceso abierto el 25 de noviembre de 2019, ello, con el fin de procesar las demandas generadas en el llamado estallido social.
En las últimas horas alguien escribió que es muy “probablemente, que nuestro proceso sea materia de estudio en distintos lugares del mundo. Que costará encontrar un caso similar, en que en sólo quince meses los ciudadanos de un país elijan dos veces a los integrantes de un órgano constitucional, dándole en cada ocasión a un grupo político una amplísima mayoría para actuar para, poco después, oponerse de manera abrumadora a la propuesta de ese organismo”
Pero muchos nos preguntamos qué pasó, por qué la ciudadanía concurrió a las urnas a rechazar masivamente ambas propuestas. Para algunos, este rechazo es un no a la clase política, un no a posturas extremas. Cuando uno revisa algunos antecedentes, vemos que no hay ningún estudio de opinión pública que no muestre que la mayoría de los chilenos se sigue ubicando en posiciones muy moderadas en la escala izquierda y derecha.
Sin embargo, y eso quedó claro en ambos textos, que sus elaboradores oscilaron de un extremo a otro. Para muchos “promovieron proyectos constitucionales altamente ideológicos y muy alejados de las expectativas de los votantes. Así, la distancia entre la clase política y los ciudadanos se expresó de forma contundente, tanto en septiembre de 2022, como el domingo recién pasado”.
Finalmente nos quedamos con la actual Constitución, para algunos la Pinochet, para otros, la de Lagos, pero es nuestra Constitución que seguirá presente, pues no hubo posibilidad de poder consensuar un texto hecho sin soberbia de parte de una mayoría circunstancial, que se dio en ambas oportunidades.