Columna Análisis / Eugenia Mansilla / Presidenta Regional de la Democrácia Cristiana.
Junto a la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente, se ampliaron
las facultades del gobernante Nicolás Maduro y de paso se incrementa su poder,
que la mayoría parlamentaria opositora desconoce.
Esto ha promovido un ambiente de mayor enfrentamiento y por cierto de una
escalada en la crisis política, económica y social que vive este país. Un
informe de la Organización de Naciones Unidas da cuenta que al 31 de julio
5.051 personas fueron detenidas arbitrariamente, 124 han resultado muertas y
2.000 heridos por “tratos crueles, inhumanos o degradantes, y en ocasiones han
recurrido a la tortura”.
Concluye el informe con su preocupación por los innumerables casos de
allanamiento violento e ilegal de viviendas, sin orden judicial, generalmente
de noche o madrugada.
En Venezuela se han agotado todos los recursos institucionales previstos en
el ordenamiento jurídico para que puedan hacer valer los derechos, canalizar
las demandas y encontrar respuestas efectivas, el quiebre de esas vías
institucionales es lo que explica el por qué millones de venezolanos han tomado
la calle, pensada como único canal de expresión política.
Por otra parte la crisis económica le ha significado a Maduro perder poder
y adhesión en la base social del país. Filas eternas para acceder a productos
de primera necesidad se vuelve rutinario a lo largo del país que sufre de
desabastecimiento. La respuesta está en la caída del precio internacional del
petróleo, que el año 2013 le significaba un ingreso fiscal de más de 39.716
millones de dólares comparado a los exiguos 5.291 millones de dólares que
recibió el año 2016. La solución pasa sin lugar a dudas por construir una
salida política.
Pero también por el restablecimiento de la Democracia. La crisis profunda
que vive Venezuela, que hoy se ha transformado en un conflicto humanitario,
requiere en coincidir que nos encontramos frente a un gobierno totalitarista de
corte dictatorial.
Y que aquellos países amigos, que aún gozan de la simpatía de Maduro y su
régimen, entren de lleno a mediar para terminar con la violencia y represión de
este pueblo.
Venezuela y los venezolanos se
merecen una salida democrática y no violenta. Y como decía el gran Amartya Sen,
Premio Nobel de Economía en 1998, la democracia tiene complejas exigencias que
ciertamente incluyen el valor intrínseco de la vida humana, el derecho a elegir
y ser elegido, la votación y el respeto por los resultados, pero también
requiere la protección de las libertades, el respeto por los derechos
legalmente conferidos, la garantía de la discusión libre, la distribución de
noticias y comentarios sin censura alguna. Juzgue usted si en Venezuela estos
principios se cumplen o por el contrario, se vulneran en cada momento.