Para muchas personas la llegada de la primavera marca el inicio de la época “buena”
del año. Es la etapa donde las temperaturas comienzan a subir y los
días se hacen más largos, invitando a realizar actividades al aire
libre, a reunirse y disfrutar del buen tiempo. Además, comienzan
festividades como Fiestas Patrias, Navidad, Año Nuevo o vacaciones.
Para
otras personas, sin embargo, esta es la parte del año donde se inicia
un sufrimiento silencioso: la depresión estacionaria. Este es un
trastorno afectivo que se caracteriza por aparecer en algunas épocas de
año y, si bien es más común en otoño e invierno, también puede iniciarse
en primavera y continuar durante el verano. Sus síntomas son similares a
los de la depresión tradicional: animo decaído, pérdida de la capacidad
de disfrutar actividades, alteraciones del sueño y de la alimentación,
agitación o ansiedad, culpa, pensamientos negativos o de minusvalía. En
niños, también puede venir con altos niveles de irritabilidad.
Si
existe alguno de los síntomas señalados anteriormente, lo mejor es
consultar con un profesional de la salud mental. También, puede ayudar
adquirir hábitos saludables para combatir estos malestares, por ejemplo,
mejorar la higiene del sueño y alimentación, realizar ejercicio físico
regularmente, practicar meditación o mindfulness y buscar apoyo en seres
queridos.
A
pesar de lo difícil que puede ser afrontar sus síntomas, la cara más
preocupante de la depresión estacionaria (y de la depresión en general),
la constituye la ideación o conducta suicida. Y es que aún existe mucha
estigmatización hacia la salud mental, lo cual junto a una cultura de
la “fuerza de voluntad” (¡Tienes que poner de tu parte! ¡Piensa
positivo!) y el desconocimiento e incredulidad respecto a este fenómeno
(¿Cómo te vas a poner triste en primavera?), pueden aumentar la
sensación de desamparo y desesperanza, ingredientes muy comunes en
personas que presentan estas ideas.
Al
respecto, un apunte claro y literal: ninguna manifestación de este tipo
debe ser desestimada. Los estudios muestran básicamente que estas
personas no están tratando de manipular, están pidiendo ayuda, incluso,
sin ellos mismos saberlo.
Necesitamos
entonces formar comunidades que cuiden a sus miembros. Es importante
mantenerse atentos a cambios en el humor o comportamientos de nuestras
personas queridas y abrir espacios para conversar sobre el suicidio,
para manifestar inquietudes o temores en espacios de confianza y
seguridad.
Finalmente,
si conoce alguna persona que esté en esta situación, escuche,
comprenda, contenga, abrace y ayúdelo a buscar apoyo profesional.