Derechos humanos siguen plenamente vigentes

La Declaración Universal de los Derechos Humanos es un documento que marca un hito en la historia de los Derechos que el humano, a lo largo de su historia, ha ido reclamando para sí mismo y para cada integrante, sin exclusión, de la sociedad que integra. Elaborada por representantes de todas las regiones del mundo con diferentes antecedentes jurídicos y culturales, la Declaración fue proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en París, el 10 de diciembre de 1948 en su Resolución 217 A (III), como un ideal común para todos los pueblos y naciones. El pasado martes se han conmemorado los 71 años de vigencia plena de esta noble expresión de la calidad ética de nuestra especie, a pesar de muchos episodios contrarios a su trascendental propósito. La Declaración establece, por primera vez, los Derechos Humanos fundamentales que deben protegerse en el mundo entero y en su Artículo 1 declara: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”. Evidentemente, los preciados principios de Libertad, Igualdad y Fraternidad, como antagónicos a la explotación del hombre por el hombre, los privilegios y la intolerancia, son las piezas fundamentales de este gran esfuerzo y legado humano por defender bajo cualquier circunstancia o condición, la dignidad humana, vale decir, todo aquello que hace referencia al valor inherente al ser humano por el simple hecho de serlo, en cuanto ser racional, dotado de libertad. No se trata de una cualidad otorgada por nadie, sino consustancial al ser humano.
La Gran Logia de Chile impulsa sin claudicaciones desde su creación, hace más de 150 años, las ideas contenidas en la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente francesa el 26 de agosto de 1789, uno de los documentos fundamentales de la Revolución francesa. Ella habla de derechos inalienables y respeto al librepensamiento como base de toda concepción de la libertad humana y establece el concepto de fraternidad relacionado con la condición humana de la sociedad, vale decir, la capacidad de ponerse en el lugar del otro. Es en este contexto de Derechos Humanos que la Gran Logia de Chile, desde los inicios del estallido social larvado durante décadas en nuestro país, estableció que “Reconocemos la legitimidad de las demandas del movimiento social y llamamos a realizar un gran esfuerzo para recomponer la ética del poder en favor de toda la sociedad”, al tiempo que señalaba “Valoramos que el movimiento social haya impuesto un acento firme al carácter pacífico de sus demandas, reduciendo a los grupos que han promovido la violencia y la destrucción el espacio público”. El Gran Maestro Sebastián Jans Pérez ha señalado que la Gran Logia de Chile manifiesta una vez más su compromiso, a través de la reflexión, para profundizar los efectos benéficos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y para que siga irradiando luz bienhechora sobre las conciencias de hombres y mujeres, en bien de la condición humana y de la dignidad.

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