Carolina Goic como carta presidencial había solicitado como principio rector elevar el estándar ético de los candidatos al parlamento, particularmente que no pesen sobre ellos acusaciones por violencia intrafamiliar ni faltas graves a la probidad. El mensaje estaba dirigido a evitar la ratificación como candidato del diputado de Ricardo Rincón. Producto a mi juicio de un error procedimental, para efectos que los delegados se pronuncien, se produce una votación adversa. Desde ese momento a hoy, muchas cosas se han sucedido. Recriminaciones, búsqueda de responsables de la crisis, un partido fracturado, renuncias y demasiadas heridas. Sumado a que nuestra candidata presidencial Carolina Goic, decide entrar en un período de reflexión sobre continuar o no en la carrera hacia La Moneda.
Hoy sabemos que Carolina Goic perseverará en este propósito y que apelando a las facultades que la propia Junta Nacional le otorgó en abril pasado y por decisión unánime de la mesa nacional del PDC, hará uso de la prerrogativa de ratificar, rechazar y modificar las nóminas parlamentarias. Esta semana anunció, tras terminar su etapa reflexiva, que hará uso de dicha facultad comenzando con la decisión de no inscribir como candidato a diputado a Ricardo Rincón. Hecho que se valoriza a fin de descomprimir y darle coherencia al discurso. La Democracia Cristiana ha debido transitar en estos años perdiendo influencia en la agenda nacional y ello se ha visto reflejado en la perdida de más de un millón doscientos mil votantes que históricamente apostaban por sus rostros y por sus ideas.
Es un dato que debe ser entendido como una luz roja para una entidad política que quiere seguir representando los intereses de una sociedad diversa y plural, con fuerte convicción en que la persona humana debe ser el centro de la acción política, tanto en su dimensión espiritual como material. Pero es aquí donde la vara ética cobra relevancia. Ya no da lo mismo ofrecer candidatos de rostros populares, políticos con buena muñeca o liderazgos de lotes.
Lo cierto es que la DC está entrado en un momento de rediseño general, el fin de un ciclo. Atrás quedaron los años gloriosos de un partido de mayorías, reformista y vanguardista. Hoy damos paso a un partido mas pragmático, con una agenda acotada que le habla a un Chile que cambió, un partido con identidad que es capaz de exigir altura a sus mandatarios. Lo que viene es un tiempo quizás mas difícil que el vivido el sábado pasado. Ahora es momento de la resiliencia y la acción, es decir demostrar nuestra capacidad para superar estas circunstancias políticas adversas y traumáticas, ponernos de pie y salir fortalecidos. ¿Cómo?, reformando nuestra forma de procesar nuestras diferencias, poniendo atención y empeño mas al camino recorrido que a la meta y por cierto, promoviendo a los y las mejores. Creo por fin vemos luz en el túnel. En buena hora.