Hay una alta preocupación porque el proceso de descentralización que siempre se promete, nunca se concreta. Todos los últimos mandatos presidenciales han manifestado innumerables veces que lucharán fuertemente por la descentralización, por el crecimiento de las regiones, pero no hemos visto reales avances. El alto pesimismo indica que Santiago seguirá siendo el lugar donde todas las personas quieren llegar en busca de oportunidades que no encontraron en sus regiones y más aún cuando hay una complicada situación económica que puede llevar a la población a tener un alto resquemor porque la vida en provincias puede sufrir un incremento en el costo. El Gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet debió concretar una alineación público-privada con garantías, seriedad, responsabilidad para provocar confianzas y seguir invirtiendo en regiones, pero no se concretó. Descuidar estos temas agudizó el descontento social. Para muchos, la pobreza se combate con trabajo y, sin inversiones ni políticas públicas pro crecimiento, será imposible encontrar acceso a oportunidades. En Magallanes necesitamos urgente de aquello. La centralización del país ha sido una enfermedad que ningún Gobierno ha podido atacar porque no han aplicado las políticas adecuadas. Si basta ver la falta de especialistas médicos en el país. Ello se recrudece en regiones. En Magallanes seguimos sin geriatras ni oncólogos. Las zonas extremas de Chile son quienes más sufren esto y si no se genera un incentivo, seguiremos quejándonos y las soluciones no llegarán a la brevedad.