Un antiguo dicho, de uso muy frecuente en las provincias argentinas, tanto del norte como de la Patagonia, afirma que “Dios existe para todos, pero atiende en Buenos Aires”.
Aquí en Chile, la situación de las regiones respecto de Santiago es parecida, más bien casi similar en más de un caso porque, en nuestro país, el territorio patrimonial del Poder, así, con mayúscula, parece estar radicado en “las ocho manzanas del centro de Santiago”, que de divino tienen poco para las regiones, especialmente las extremas, como la nuestra.
En esas ocho manzanas está la sede del gobierno de turno en la administración del estado, fisco, gobierno.
A poca distancia, el uno del otro y, obviamente, cerca de La Moneda, funcionan los distintos ministerios.
Allá y acullá, las puertas del Banco Central; de los principales servicios públicos fiscalizadores, como el de Impuestos Internos o del Trabajo; las distintas Superintendencias y las cabezas, muchos afirman que no son siempre bien pensantes, del aparato administrativo del estado chileno.
Y aunque “Sanhattan” les haya arrebatado más de alguno, también están las oficinas de los directorios de empresa privadas y públicas; de los bancos chilenos y extranjeros; de las administradoras de fondos de pensiones; de las líneas aéreas y hasta los “mandamases” de las empresas y agencias marítimas y navieras, a lo cual hay que agregar las líneas aéreas, de transporte terrestre y las de turismo.
No se va a mencionar que las jefaturas y los altos mandos de las Fuerzas Armadas, Carabineros y de la Policía de Investigaciones, o están dentro de las “ocho manzanas” o en un sitio cercano a ellas, pero muy cercano, apenas a una distancia de ¿una, dos cuadras?.
Y así, en una de esas calles del centro capitalino, hay sedes u oficinas del Poder Legislativo, cuyos frontis, pese a sus placas y banderas, no siempre son percibidos por las personas y ocurre algo parecido a lo que pasa en Valparaíso, donde un faraónico edificio casi oculta el “trabajo” de los honorables legisladores chilenos, de este lado y del otro, pasando por aquí y por allá, con una transversalidad que ya no asombra a nadie.
Por si no bastara, téngase presente que un primer otrosí indica que la Corte Suprema de Justicia, la Corte de Apelaciones, el Ministerio Público y la Defensoría Pública están dentro de esas “ocho manzanas” o muy, pero muy cerca de ellas y, también, con muchas notarías.
PODRÍA SER…
Esa concentración del poder genera lo que muchas personas denominan “Centralismo” y le agregan, no sin dolor, “capitalino”, lo cual les genera la inquina de quienes se siente orgullosos de ser “santiaguinos”, con todas sus letras.
Y aunque el “centralismo capitalino” no es malo en sí, podría ser mejor si pudiera ser un enorme grupo o centro de poder que “chorreara” hacia las regiones, especialmente, como Magallanes, donde se está lejos de todo, los recursos necesarios, las designaciones de funcionarios regionales y tantas cosas, tantos decretos, tantas circulares, tantos instructivo que se han “cocinado siempre”, dicen, en esas ocho manzanas”.
LOS COSTOS
Y no es sólo un problema de distancia geográfica, es un problema de costos.
Un padre y una de sus hijas recibieron un jueves, por la tarde, que una familiar muy querida había sufrido un grave problema de salud que, ya esa tarde, la precipitaba a la muerte.
Quisieron conseguir pasajes vía aérea porque la premura y el afecto familiar lo exigían así e iniciaron un verdadero calvario porque no había cupos disponibles en los vuelos fijados.
Un día después y al cabo de una espera angustiante y dolorosa, les avisaron de una de las dos compañías aéreas que operan hasta Punta Arenas, que había dos cupos, con asientos separados, eso sí; que podrían salir de Punta Arenas en horas de la madrugada, previo pago de 564 mil pesos, lo cual determinó que una de las tarjetas de crédito quedara “reventada”.
Para peor y después de haber aceptado esos pasajes, su familiar había fallecido y debieron conformarse con llegar al funeral.
¿Y qué pasa con los accidentados de extrema gravedad que deben ser evacuados a centros asistenciales de alta complejidad en Santiago?
¿Y si, más encima, provienen de Porvenir o de Puerto Natales?
¿Cuánto implica poner en marcha un mecanismo de atención de salud que opere con un avión ambulancia y con el equipo médico necesario ante una de esas u otras emergencias?
¿Y cuánto tiempo, dinero y sacrificio deben emplear las madres de los niños y niñas que deben enfrentar enfermedades de tanta gravedad, como un tumor canceroso, para acceder a la atención que se brinda en el centro oncológico de Valdivia?
¿Y los grandes quemados, con sus vías respiratorias severamente dañadas?
¿Qué? ¿Acaso Magallanes no es Chile también?
Y ¿cómo debe hacerlo una familia de sólo cuatro integrantes que, alertados por la falta de Vitamina D, esa que permite tener huesos sanos, normales y que nos regala el Sol, deciden viajar a la zona norte en pos de esos rayos, si llegar al aeropuerto capitalino les significa disponer de un millón de pesos sólo en pasajes, confiando en que sus familiares o amigos que los alojen allá, por esas soleadas tierras, quedarán conformes con los aportes que ellos hagan en alimentación o en otras atenciones que los viajeros quieran devolver ante la gentileza de acogerlos en sus residencias para evitar el pago de hoteles o de hostales?
Pero hay más.
Se prometió, por parte de las autoridades de este gobierno que bajo este mandato, se instalaría el sistema de Fibra Óptica Austral (FOA), pero no se cumplió con ello.
Es más: la iniciativa se entrampó en los vericuetos del poder central y los recursos asignados fueron insuficientes, dignos del más roñoso de los cicateros porque se sabe que el desafío de instalar la FOA a través de la geografía situada al sur de Puerto Montt complicaría esa labor.
Pero en las ocho manzanas capitalinas parecen no saber mucho de geografía… Y así seguimos.
¿Usted cree que, si algún día, “cuando escampe”, diría Quelentaro, los planes telefónicos, los de internet y todo lo que ofrece el abanico cibernético “va a ser más barato para Magallanes”, como dijo un subsecretario del Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones, si las compañías, imbuidas de centralismo, tienen planes nacionales porque les resulta más rentable y tienen un mercado mayor para sus ofertas?
Las líneas aéreas ¿seguirán ofreciendo pasajes en vuelos de madrugada, con equipaje restringido a sólo algunos kilos por pasajero?
¿El Ministerio de Salud dotará de médicos especialistas a los hospitales de Porvenir y Puerto Natales? ¿Aumentará el número de esos profesionales en el Hospital Clínico?
¿Y el precio del gas domiciliario seguirá siendo lo que pagamos hoy o se nos “adecuará” al que la ENAP le vende usted sabe a qué compañía que fabrica metanol?
¿Y el precio de las bencinas?
¿Y los “frutos” que debieran arrojar tantas y tantas “Comisiones para Zonas Extremas, llegarán a madurar, algún día?
¿Y nuestras plegarias seguirán extraviándose camino del cielo porque nuestros parlamentarios siguen jugando “pichangas político-electorales” cuando debieran estar en Primera, aunque sea la B, bregando por la región que los eligió a la que, a lo menos uno de ellos, prometió rebajar la dieta y donar parte de ella para “los mas vulnerables?
¿Y el gobierno regional, con eficiencia y eficacia dudosa y sus “cores”, preocupados de la disputa de un cargo y de sus respectivas reelecciones, seguirán al mismo tranco cansino, excepto cuando se trata de viajar por ahí?
¿Y los porvenireños, los natalinos, los de Puerto Williams y los habitantes de las comunas rurales tendrán que seguir soportando el “centralismo de Punta Arenas” al momento de la asignación de recursos para algún proyecto innovador?
Todos somos Magallanes.
Todos somos Chile.
Pero, el viejo dicho transandino, cada día, parece ser más cierto porque la elección directa de un “gobernador” sin autoridad efectiva ni recursos necesarios y bajo (“la bota” o “el pie) del representante del “Gobierno Central” es la nada misma, en términos descentralizadores.
Lamentablemente para las regiones, “las ocho manzanas” han resistido terremotos de todo tipo y parecen ser invencibles y poseer tanta fuerza que han determinado la extensión de nuevas líneas del Metro y la mantención del Transantiago.