Desconfianza, hostigamientos y descalificaciones

No
hay tolerancia. En los últimos diez meses en Chile hemos experimentado
un proceso lleno de hostigamientos, desconfianzas y descalificaciones.
Desde diversos sectores políticos, económicos y sociales se han
expresado opiniones que han agitado más aún el ambiente y de ello hemos
sido testigos acá en la Región de Magallanes y Antártica Chilena. Hemos
experimentado en nuestra zona un proceso nunca antes visto, con
odiosidades inexplicables. Y por si fuera poco a ello experimentamos
contingencias tremendamente complejas, como la pandemia del Coronavirus.
Lo que estamos viviendo es una crisis de magnitud superior y con escasa
gobernabilidad, porque la “clase política” no ha estado a la altura de
las circunstancias y muy por el contrario, han desoído procesos de
entendimientos en torno a objetivos fundamentales de bien común. Desde
octubre pasado prevalece un clima de desconfianza, que a veces nos damos
cuenta acá en Magallanes que se ve traducido en hostigamiento constante
y afanes descalificatorios, algo nunca antes visto en nuestra bella
historia regional, acostumbrado a convivir transversalmente y aceptando
nuestras grandes diferencias. Hoy asistimos a la máxima intolerancia. La
polarización de la política es una predominante, con sectores
intransigentes que lindan en el dogmatismo ideológico y han llegado a
deslegitimar el orden imperante, con chantajes públicos y amenazas de
salir a quemar e incendiar. ¿De qué estamos hablando? El Gobierno
también ha cometido numerosos errores en la conducción, pero ciertas
sublevaciones también obstruyen la unidad que el país necesita.

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