Desobediencia civil

La gestión sanitaria de este Gobierno ha demostrado un profundo desconocimiento de la realidad social y, lo que es peor, mantiene una política de no diálogo con las mesas de la sociedad civil y de especialistas. Aún insiste, en lo sanitario, en un enfoque hospitalario antes que preventivo, a pesar del plan Búsqueda Activa (el único acierto en el último tiempo). Pero en lo social y económico el Gobierno llega siempre tarde y en forma insuficiente.

A tres meses de gestión por parte de la intendenta Jenniffer Rojas la situación local es francamente desastrosa. Los temas les desbordan, los problemas se acumulan y agravan, la desesperación ciudadana se incrementa, y los impactos sanitarios, económicos, sociales y laborales del Covid-19 nos tiene inmersos en una realidad asfixiante sin solución aparente. La falta de planificación y de iniciativa nos mantiene en una incertidumbre permanente. No hay conducción, no hay Gobierno.

En septiembre se prometió frenar la movilidad reduciendo la cantidad de permisos únicos colectivos y temporales, que a esa fecha sobrepasaban los 80 mil, siendo algunos fraudulentos. Se anunció fiscalización y denuncia y nada de ello ocurrió y todo sigue igual. La gente observó permisividad e impunidad. La sensación que no pasa nada si no acato las medidas sanitarias se comenzó a esparcir en la población. La sensación de que se protege y da facilidades al “más grande y se perjudica al más chico” pasó de una idea a una certeza. Durante meses personas han solicitado ayuda para poder subsistir y sólo han observado indiferencia. De igual forma gremios organizados, como el gastronómico y turístico, asistieron a cuanta reunión se programó y entregaron miles de ideas, sin lograr ni una sola señal concreta que les pudiera dar algo de esperanza ante su difícil situación. Y para todos aquellos que sufren la desesperación económica evadir se transformó en una alternativa, la desobediencia una opción.

Lo concreto en que gran parte del comercio ha abierto sus puertas de una u otro forma. La ciudadanía ante la falta de fiscalización ha aumentado, hace ya un mes, considerablemente la movilidad. Volvió la falta de estacionamiento en el centro y los tacos en algunas calles. Los niños y los jóvenes se apropian de las calles, parques y espacios abiertos para jugar o hacer deportes. Los malabaristas han vuelto a los semáforos. Los trabajadores independientes han buscado la forma de buscar ingresos económicos. Y los rubros cerrados hace meses se rebelan. Y el Gobierno sólo observa sin reacción e insiste sólo en dar cifras todos los días, pero sin ofrecer ni una solución. La sensación de abandono en la práctica es una realidad.

Estamos ante una cuarentena excesivamente prolongada que ocasiona efectos indeseables en la población, con altos costos económicos para las familias y para las pequeñas y medianas empresas, y también para la salud física y mental de las personas confinadas. Se requieren nuevas medidas que permitan controlar efectivamente la tasa de contagios, pero permitiendo la sobrevivencia económica de la población. Si queremos convivir con el virus es fundamental la generación de condiciones para estar en cuarentena, la definición de roles de cada uno de los involucrados y el límite temporal de la medida. (no puede ser eterna). Y nada de ello se ha hecho.

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