Despertar de la pesadilla

Podemos estar preparados para enfrentar la lluvia torrencial, los incendios catastróficos, los terremotos más brutales, pero nadie nos ha preparado para la maldad como fuerza destructiva. Sea de donde sea.
Numerosas personas sufren por los efectos nefastos que los últimos acontecimientos han provocado en la vida normal de nuestro país. Para muchos es incomprensible que exista tal grado de maldad en un cada vez más grande grupo de delincuentes organizados para actuar deliberadamente en contra de todo y que se matiza con la indolencia de la fuerza represiva que aporta lo suyo.
Un país que ha dejado avanzar la delincuencia y el narcotráfico a pesar de haber sido slogans de campañas presidenciales no podía esperar otro tipo de resultado, más aún si las órdenes superiores no se acatan.
Si a eso le adicionamos la precariedad de la vida; la excesiva propaganda consumista; los abusos laborales, de género y contra la infancia; la pérdida de conocimientos enciclopedistas que permitiera, al menos, rescatar la imagen de algunos personajes de la historia nacional o mundial; y, la pérdida de los valores que la religión podría haber mantenido vigente para recurrir a ellos, terminamos encontramos una sociedad carente de nutrientes como para comenzar a levantar las paredes de nuestras casas y reparar las calles para un cómodo tránsito a la reconstrucción.
Muchos sufren porque la ola pasó sobre ellos, pero otros porque aún no se recuperan del shock que significa ver esta realidad y parecen desear despertar de la pesadilla lo más pronto. Estos últimos siguen desconectados y se han olvidado de lo que originó este movimiento y se consumen lo escueto de las noticias y las alarmas de los grupos de WhatsApp y Facebook que sólo hablan de vandalismo como si fuera lo único que existe. Eso les genera temor y terror y es el alpiste que a los violentistas les acomoda para seguir haciendo de las suyas frente a una fuerza pública cada vez más deslegitimada.
Por otro lado, la violación a los DDHH, corroborado por todos los organismos, se sigue relativizando y se pone en pantalla y como texto pauteado desde palacio que, al finalizar los sumarios y procesos se podrá decir si hubo o no violación de ellos. Hubo que esperar 30 años para que, en muchos casos, se declarara culpabilidad de los asesinos de la dictadura a pesar del Informe Rettig. ¿Hay que esperar otros 30 más? ¿En Nuremberg, acaso, hubo que esperar el final de los juicios para acreditar las atrocidades cometidas en la II GM? ¡Por favor!

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