¿Después del plebiscito, qué…?

Se ha ido generando un cierto consenso en que es urgente que el país supere de una vez por todas, el debate constitucional. Abierta la puerta de par en par en octubre del 2019, la sociedad chilena está siendo presa de un afán refundacional que sólo está en la mente de un grupo reducido de políticos. Cabe preguntarse en este sentido con la perspectiva del tiempo, si le ha hecho bien al país enfrascarse en un tema que sólo interesa a unos pocos. Hemos estado asistiendo a un experimento por parte de un sector de la sociedad cuyo afán es borrar el capitalismo de nuestro país. Hasta el Presidente de la República explicitó esta idea. Para ellos la llave maestra para un cambio de tal envergadura es precisamente cambiar de Constitución. Lamentablemente en este camino el país se ha estancado en su desarrollo. Las perspectivas de una mejora en el ámbito económico son malas. La delincuencia sigue arreciando. El comercio cierra temprano precisamente por temor a robos y asaltos. El terrorismo sigue actuando con impunidad. Mientras, el Presidente de la República se solaza recordando a Allende y su discurso final. Vive en un mundo paralelo. Casi en una realidad virtual. 

Por eso cuestionarse qué sucederá después del plebiscito del 17 de diciembre próximo es relevante. Si el proyecto constitucional es votado en contra, el debate sobre si debemos tener una nueva constitución debe cerrarse definitivamente por el bien de todos. Chile no resistirá discutir por tercera vez las normas basales de su convivencia. Cabe recordar que el país avanzó como nunca en su historia bajo la constitución hoy vigente ¿Por qué entonces debemos desecharla? No obstante la conveniencia a todas luces de terminar este capítulo, hay quienes insisten e insistirán en tener una nueva constitución. Son razones ideológicas las que priman para tener al país en vilo impidiendo la clausura este debate. Las fuerzas políticas democráticas deben converger en dar por terminado este capítulo en la historia nacional.

Si ganase el a favor de una nueva constitución, la implementación de dicha Carta debe ser rápida y transparente. Lo exige el interés nacional. Lo claman quienes sólo desean progresar por el bien de sus familias.

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