Quienes
hoy son gobierno son esos jóvenes que el 2006 reclamaron por la
educación y que 2011 pidieron “Educación gratuita y de calidad”, para
luego buscar eliminar el lucro. Nunca definieron “calidad” ya que
nunca les importó. Movidos por la ideología nunca quisieron una mejor
educación, sino terminar con toda posibilidad real de asenso social.
Igualar hacia abajo y terminar con los privados. Hoy a años de esa
arremetida, y las reformas posteriores, la evidencia dice que los
privados lo hacen bien y los públicos mal y la brecha que ellos dicen
odiar, se incrementó. Ellos son los responsables.
Hoy en 2024 vemos con horror como se terminó por destruir la Educación Pública, y cómo el problema educativo siempre
presente, tras la reformas no está mejor, sino que peor. En los 200
colegios con mejores resultados en la PAES brillan por su ausencia los
liceos emblemáticos y sólo dos son municipales. Todo el resto son
particulares pagados que deben competir por hacerlo mejor para lograr
tener demanda y satisfacer su oferta. Eso es lo que hace el mercado,
premia a quienes lo hacen bien y castiga a quienes lo hacen mal.
Chile
está cada vez peor en materia de educación. Sin educación pública y con
el Estado concentrado en usar los colegios como entidades de
transformación social, dejaron de Educar y se han dedicado a adoctrinar.
La Revuelta de los Pingüinos primero y la del 2011, la violencia como
parte del plan penetró los establecimientos de excelencia. Las reformas
educacionales profundizaron el problema. Eliminaron la selección con lo
que mataron la meritocracia. La idea del ministro Eyzaguirre de quitarle
los patines a los aventajados resultó en achatar las posibilidades para
la clase media de ascenso real y finalmente incrementó la brecha entre
el mundo público y el privado. Lo público que lo hacía antes bien,
ahora lo hace mal. La tómbola ha sido y es, funesta. Lo que el ministro
Cataldo llamó como “democratización del sistema” ha sido la tumba del
mismo. A esto se le agrega la estocada sobre los colegios subvencionadas
eliminando el copago, lo que paradójicamente implica que una familia
puede gastar su dinero en una TV nueva o cualquier otra cosa, pero no
en la educación de sus hijos. A esto hay que sumarle el hecho de inflar
las notas de colegio para la ponderación de entrada a la Universidad, el
NEM, lo que hizo ver a los colegios altamente académicos como difíciles
y perjudiciales para entrar a la educación superior, con lo que se
abandonó el academicismo. No hay selección, no hay rigor en los
contenidos y está esa idea que todos deben pasar, más allá de los
resultados. No se puede expulsar a los alumnos ni por disciplina, ni por
mal desempeño, el sistema se mató desde dentro.
Las trabas para abrir nuevos colegios vinieron a coronar
esta combinación desastrosa para la real “calidad” de educación. La
prohibición de abrir nuevos colegios donde la oferta educativa estuviese
cubierta. Es decir si en una zona hay tres colegios malos que cubren a
todos los niños que necesitan estudiar, no se puede abrir un colegio
bueno. Se puede vegetar haciéndolo mal y recibiendo recursos públicos
por asistencia, no por aprendizajes. A esto hay que sumarle los
intereses gremiales del colegio de profesores, altamente politizado y el
Estatuto docente que impide sacar a un profesor malo. Claro que hay
muchos profesores buenos y a esos se los debe premiar, pero un profesor
malo es un cáncer en las posibilidades de muchos niños y es un pecado mortal e inmoral.
La
educación es la única real forma de movilidad social y es la base para
que algún día Chile sea un país desarrollado. Este retroceso no le ayuda
a Chile, pero si beneficia a algunos, los que buscaron destruir para
servirse del Estado a costa de las penurias y los sueños truncados de
otros. Los resultados del PAES, esos que el gobierno, quiere ocultar,
son decidores y hay que hacer algo
al respecto. Los que hoy son gobierno mataron la educación pública y
urge recuperarla. Hay que terminar con la violencia, expulsar a los
revolucionarios y volver a establecer el mérito al sistema. Sus reformas
no funcionaros y habría que derogarlas todas. El aprendizaje de los
niños debiera estar en el centro y la calidad de los profesores debiera
ser el foco. Los malos, fuera y quien no es profesor, pero enseña bien
debiera poder hacer clases. Basta de defensas corporativas en desmedro
de los niños. Es necesario poner foco, los recursos en educación en
Chile son altos a nivel OCDE, los resultados paupérrimos. Gastemos bien
los recursos que son limitados y pongamos el foco en los niños, que las
familias elijan en forma directa lo mejor para sus hijos.