Día de la Libertad de Prensa

Cada
año, el 3 de mayo es una fecha en la que se celebran los principios
fundamentales de la libertad de prensa. Es la oportunidad de evaluarla a
nivel mundial, de defender los medios de comunicación de los ataques
sobre su independencia, así como de rendir homenaje a los periodistas
que han perdido su vida en el desempeño de su profesión. La Unesco tiene
una labor muy importante en este aspecto, pues reúne en su seno a
representantes de las diversas naciones, culturas, tendencias y
posiciones políticas, manteniendo su imparcialidad social. Su concepto
general: “Construir la paz en la mente de los hombres y de las mujeres”,
llama a una profunda reflexión acerca de lo que significa el concepto
que hoy se celebra. En efecto, en países dominados por culturas de
opresión vemos cómo se les impide a sus ciudadanos tener acceso a
informaciones de medios que no sean los del poder político imperante, en
una clara motivación de tenerlos subyugados a los principios emanados
de su autoridad. En otros la libertad es tan amplia que llega a ser
irreverente, y así es como hemos tenido que lamentar el asesinato a
mansalva de los periodistas del semanario satírico francés Charlie
Hebdo, solo por excederse en el uso de ese privilegio y que afectó la
conciencia de un sector extremo. La libertad de prensa no solo debe
estar consagrada al derecho de emitir las noticias con el sesgo que le
acomode a la línea editorial del medio, porque con ello no construye paz
en la mente de las personas como propugna la consigna de la Unesco,
sino que, por el contrario, contribuye a la división, a la polarización,
a la ofuscación y a la confusión de la ciudadanía oyente. Pero siempre
hay intereses ocultos disfrazados de independencia, aunque sea evidente
la promoción de ideas de quienes son simples tontos útiles de alguien
más poderoso. En el pasado, en nuestro país, tuvimos el claro ejemplo de
medios masivos y semanarios que, en uso de la malentendida libertad de
prensa, publicaban sin temor a respuestas (porque no era posible)
mentiras institucionalizadas para ocultar crímenes, barnizándolos de los
más ocurrentes relatos. Los famosos redactores de aquel entonces han
sido olvidados en estos tiempos por su falta de rigor o ética. Como
contrapeso de ellos, surgieron una serie de semanarios que valientemente
mostraban el Chile que estaba oculto, lo que dio un sentido de
esperanza a un pueblo atemorizado. Hoy, con la fuerza de la necesidad de
cambios que se promovieron por los candidatos constituyentes y que se
encuentran trabajando en la redacción de una nueva Constitución para
nuestro país, ha surgido una fuerza arrolladora de un sector que intenta
posicionarse para evitar, a como sea, la concreción de esos cambios. Y
allí es donde entra a tallar la línea editorial de los medios y la
obligación moral que tienen de generar la paz que requiere la humanidad,
y que se puede lograr evitando la emisión de notas tendenciosas o
privilegiando frases rimbombantes de quienes parecen hacer del uso de su
verborrea su arma de lucha. Crear confusión, alarmar, transmitir sus
propios temores o de los grupos que financian sus páginas o derechamente
mentir es un atentado a esa paz. Cuando se gusta de intentar someter a
la ciudadanía a una situación endeble se cae en el riesgo de perder
credibilidad y prestigio, porque la libertad de prensa y quienes la
ejercen, junto con la independencia, deben ser garantes de la
objetividad y seriedad.

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