La
categoría educación parece cada día más inverosímil a esa búsqueda por
la excelencia que pretendían los griegos en la antigua Grecia, incluso,
hemos caído en una degradación que avanza a pasos agigantados. Este 24
de Enero se conmemoró el Día Internacional de la Educación, donde Chile
parece ir a la vanguardia de una degradación sistemática en estas
materias, más aún, el Estado parece mirar como pasa el muerto sin tomar
reales medidas. Ante una fecha tan importante como la esbozada, no
podemos estar ausentes de la reflexión y desafíos in situ, de ahí que mi
columna de la semana se titule “Día Internacional de la Educación: Una
autocrítica chilena”.
Primero,
el sitio oficial de la Unesco refiere sobre el Día Internacional de la
Educación las siguientes palabras: “La Unesco dedica el Día
Internacional de la Educación que se celebra el 24 de enero de 2024 al
papel crucial que desempeñan la educación y los docentes en la lucha
contra el discurso del odio, un fenómeno que se ha multiplicado en los
últimos años con el uso de las redes sociales, dañando el tejido de
nuestras sociedades […] El mundo asiste a una oleada de conflictos
violentos paralela a un aumento alarmante de la discriminación, el
racismo, la xenofobia y la incitación al odio. El impacto de esta
violencia trasciende cualquier frontera basada en la geografía, el
género, la raza, la religión, la política, offline y online. Un
compromiso activo con la paz es hoy más urgente que nunca: La educación
es fundamental en este empeño, como subraya la Recomendación de la
Unesco sobre la Educación para la Paz, los Derechos Humanos y el
Desarrollo Sostenible. El aprendizaje para la paz debe ser transformador
y contribuir a dotar a los alumnos de los conocimientos, valores,
actitudes, competencias y comportamientos necesarios para convertirse en
agentes de paz en sus comunidades”. De este modo, la famosa
organización visualiza en la educación un motor de cambio, movilidad
social, construcción de aprendizaje, relegación hacia cualquier
discriminación en el aula y fomento de profesores con una alta vocación
del cuidado hacia sus alumnos. Todas estas pretensiones suenas muy
loables en el papel y discurso, pero la realidad es otra, ya que para
que esto sea efectivo, entre paréntesis, los docentes debiesen tener una
autoridad controlada y respaldada, pero de eso existe poco y nada en
nuestro país, por el contrario, abundan las faltas de respeto por parte
del alumnado, si, a esos mismos que supuestamente se debe proteger,
formar y educar incesantemente.
Segundo,
la educación es un derecho humano, un bien público y una
responsabilidad colectiva; y en esta fecha se busca concientizar sobre
su importancia, sin embargo, son varias las aprensiones sobre estas
declaraciones e ideas inscritas. ¿Es realmente un derecho? ¿Un bien
público? ¿Un bien económico? Estas son solo algunas de las preguntas que
se nos vienen a la mente con relación a la temática, probablemente con
varias disyuntivas de fondo. La Asamblea General de las Naciones Unidas
declaró el 24 de Enero como el Día Internacional de la Educación. Esta
fecha nace el 3 de diciembre del 2018, cuando la Asamblea General de las
Naciones Unidas proclamó el 24 de enero como el día internacional para
celebrar el papel que la educación desempeña en la paz y el desarrollo.
Por otra parte, debemos recordar que el derecho a la educación está
consagrado en el artículo 26 de la Declaración Universal de los Derechos
Humanos. La declaración exige la educación primaria gratuita y
obligatoria, no obstante, aquello tiene bastante matices en su ejecución
en el mundo, la deserción, estancamiento de nivel y bajo estándar en el
aprendizaje son solo algunos de los problemas que enfrenta toda el área
educativa, sin duda, Chile no es la excepción. En síntesis, hay mucho
por hacer, la esperanza debe estar viva, izada la bandera de miles de
voces que necesitan ser educadas, formadas, guiadas y corregidas en su
proceso de formación estudiantil, dicho sea de paso, con altos
estándares de calidad, exigencia, rigurosidad, disciplina y nivel
académico, de lo contrario, todo se hospeda en la retórica populista y
demagógica de nuestro siglo. Por tanto, ante una fecha tan importante
como la reflexionada, no podemos estar ausentes de su análisis y
lectura, de ahí que mi columna de la semana se titule “Día Internacional
de la Educación: Una autocrítica chilena”.