Hace
diez años, un ministro de Educación fue consultado acerca de la
importancia que le asignaba a la transmisión y aprendizaje de las
lenguas indígenas en el país. La respuesta fue demoledora, pues en su
perspectiva no valía la pena gastar recursos en idiomas que estaban
condenados a desaparecer.
Este
enfoque tuvo implicancias directas en las políticas públicas tendientes
al respeto a la diversidad y ocultaba en su profundidad un sesgo
ideológico que sitúa al Estado como un instrumento homogeneizador,
mediante el uso de mecanismos de acceso al conocimiento, como son los
jardines infantiles, escuelas, y demás instituciones educacionales
formales.
No
es lejana la época en que a los niños indígenas que llegaban hablando
sus idiomas vernáculos a los colegios se les aplicaban castigos
corporales, o en que las familias indígenas optaron por no transmitir
sus idiomas a la generación siguiente por temor a la discriminación que
podría sufrir sus hijos por los “blancos”.
El
efecto de la negación sistemática de la diversidad lingüística en Chile
ha tenido consecuencias devastadoras. Pensemos que de acuerdo con
estudios actuales sólo el 25% de la población indígena entiende los
idiomas tradicionales, y las opciones de acceder a contenidos
culturalmente pertinentes en el sistema formal de educación comenzaron a
ser accesibles con el retorno a la democracia y a los intentos de
generar programas en educación intercultural bilingüe a nivel nacional
hacia 1994.
No
escapamos a la realidad global, pues según datos de UNESCO el 40% de la
población mundial carece de acceso a educación en sus lenguas maternas,
y cada 15 días desaparece un idioma en el mundo, lo que provoca que el
43% de los 6.000 idiomas se encuentren en peligro de desaparecer. Es en
este contexto, UNESCO declaró el día internacional de la lengua materna
(21 de febrero) en su Conferencia General de noviembre de 1999.
La
pregunta que surge tiene que ver con el valor que tienen estos idiomas
para los seres humanos y su desarrollo colectivo. Un primer aspecto a
analizar es que cada idioma permite a las personas comunicar ideas
precisas de acuerdo con el contexto cultural. Por ello, cada forma de
comunicación ofrece la posibilidad de compartir ideas complejas desde la
particularidad de cada grupo. Tal es así que muchas veces no es posible
realizar una traducción desde una lengua tradicional al idioma
dominante (y a la inversa), y tal necesidad sólo puede ser resuelta
mediante una interpretación de contexto o con la creación de palabras
nuevas (neologismos).
Un
segundo aspecto a considerar es que lo seres humanos ordenamos la
realidad a partir de elementos lingüísticos. Dicho en términos
sencillos, nuestra realidad es lo que podemos decir acerca de ella y se
configura en todos los hechos a los cuales podemos darle un nombre y
asignarle una causa, todos factores que derivan de la práctica social de
la enseñanza y el aprendizaje.
Un
tercer aspecto es que las formas de comunicación compartidas por una
comunidad lingüística incorporan un factor de identidad y refuerzan
aquello que define a un grupo respecto de otros. Es un factor que define
etnicidades, y que permite construir significados.
En
Magallanes el proceso de desaparición física de las comunidades
indígenas estuvo aparejado al creciente abandono de prácticas
tradicionales, siendo una de ellas la transmisión de los idiomas
maternos. Actualmente viven en la región un limitado número de hablantes
de la lengua kawésqar, falleciendo en el 2022 la última hablante
(plenamente competente) del yagán.
Las
instituciones del Estado han realizado diversas acciones tendientes a
la recuperación de contenidos en materias de educación intercultural
bilingüe a través de JUNJI, INTEGRA y el Ministerio de Educación. Por
otra parte, la CONADI ha desarrollado diversas acciones orientadas al
rescate, sistematización y transmisión del yagán y el kawésqar en años
recientes, acciones que se suman a iniciativas particulares destinadas a
la divulgación de estos idiomas o a la recuperación de lexicografía de
la lengua Selk´nam, pueblo recientemente incorporado en la Ley Indígena.