No hay duda de que vivimos en un mundo demasiado acelerado y en eso nuestra Región de Magallanes no está ajena. Ya no es lo mismo de antes.
La competitividad que afecta al mundo es contagiosa y ese ritmo de intensificación en el mundo laboral también está presente en la zona más austral del país, pese a la cercanía con que el magallánico siente a su familia.
Pero estamos en días en que debiéramos detenernos un minuto y hacer reflexión.
En Semana Santa debe haber reflexión, y encuentro, esperemos que nos sirva para que, con nuestras familias podamos amar y comprender al prójimo, y hacer de nuestras vidas, una vida mejor. Y eso no cuesta mucho.
Debemos hacer una pausa en nuestro tiempo, en nuestro trabajo, y que nos sirva para cultivar los valores que debemos fortalecer en familia.
Son muchos los hechos que nos están afectando y que debemos reflexionar. Ojalá que estos días no sólo sean tomados por muchos como unas “pequeñas vacaciones”, que antiguamente se otorgaban para poder vivir con intensidad los oficios religiosos.
También debemos detenernos a analizar los ejemplos que se nos consignan en Semana Santa, para que ellos nos sirvan en nuestras vidas: mantener la dignidad al enfrentar las mayores tribulaciones, perdonar la traición por comprender la debilidad, mantener la ecuanimidad ante los mayores retos, comportarse compasivamente con enemigos, la fidelidad a ideales ante las mayores tentaciones y mantener la confianza en Dios.