“Dios te salve, Magallanes…”

El
penoso traspié del proyecto del parque eólico para la producción de
hidrógeno verde no sólo equivale a un disparo a los pies de un régimen
que no se caracteriza, precisamente, por la aptitud para administrar el
estado-fisco-gobierno de Chile.

El
disparo contra esas extremidades oficialistas también afecta a las
empresas que tratan de llevar adelante el ambicioso proyecto sino que,
además, golpea al mismísimo gobierno, en todos sus niveles.

La
incertidumbre, un factor omnipresente en este desgobierno, como ya lo
llaman millones de chilenos, sobre el futuro del hidrógeno verde ante
las notables exigencias planteadas por funcionarios muy bien rentados
con nuestros impuestos y que pecan de fundamentalismo ecológico, se
cierne sobre Magallanes y sobre Chile, en los momentos en que se busca,
casi con desesperación, que llegue inversión extranjera a nuestro país.

Pero
ese daño es menor frente a los anhelos de centenares de jóvenes
profesionales, que estudiaron y se prepararon para trabajar en el
hidrógeno verde, y técnicos de nuestra región que, junto a otros
centenares de trabajadores especializados, mantenían la esperanza de que
podrían encontrar trabajo y recibir ingresos para enfrentar las
exigencias de sus hogares, de sus familias, amenazados por las
dentelladas del alza del precio de los alimentos, de los combustibles,
de frutas, verduras, vestuario y medicinas que no entregan las farmacias
de nuestros consultorios de la salud municipalizada.

Está
cayéndose un “Proyecto Estrella” de este régimen que está más ocupado
de seguir haciendo malabares para insistir en la aprobación de
propuestas ya rechazadas y con más que holgura, por millones y millones
de chilenos y que se pretende “cocinar” con otros chefs, expertos en
platos constitucionales de difícil aceptación y de un sabor
frenteamplista-comunista-cubano-indigenista… pero que generan
indigestión democrática.

¿Las
compañías afectadas por el fundamentalismo ecológico, insistirán en
seguir adelante con el hidrógeno verde en Magallanes? ¿Rodarán unas u
otras cabezas de los servicios implicados en este verdadero “numerito” o
qué?…

Entonces
vuelvo a escuchar el Canto a Magallanes y repito, ya no en silencio y
mirando al cielo con ira (y pido perdón por eso) grito y pido: “DIOS TE
SALVE, MAGALLANES…”.

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