Nuestro país parece estar perdiendo, desde hace ya un tiempo, la batalla contra el narcotráfico y sus duras y sangrientas secuelas.
Todo indica que no basta con aprobar más y leyes si, en la práctica, son letra muerta, ineficaces y que sólo sirven para que los responsables políticos entreguen declaraciones a los medios de comunicación y las “combativas” cuñas para la televisión.
Tampoco es suficiente una especie de peregrinación por los matinales, feroces pero irreales debates de figuras y figurines públicos en torno al tema porque la realidad sigue siendo más real y dolorosa que la más producida serie televisiva o película sobre el narco tráfico y sus efectos en la sociedad en la cual ya ha instalado su poder, a fuerza de balazos y corrupción de sus instituciones.
Cárceles abarrotadas, pero muy bien dotadas de teléfonos celulares, con jefes “narcos” con celdas especiales, como de hoteles lujosos, abundantes medios económicos y armamento moderno y bien utilizado por sus “soldados” y los “capos libres”, amén de controlar ya amplios sectores poblacionales, casas de seguridad, vehículos y la decisión de eliminar a quienes pudieran ser obstáculos para sus fines criminales… casi como en Ecuador.
Esa lacra ha otorgado “permisos” a ciertos dirigentes políticos que tienen “pacto” con ellos, con excusas viles, tan viles como lograr la entrega de proyectos para mejorar la calidad de vida de chilenos vulnerables y embolsándose esos dineros hasta para adquirir lencería fina y erótica.
La decepción ciudadana crece día a día porque se despilfarran millones y millones en regalos banales, por ejemplo, y existe una “justicia” permisiva e ineficaz que en Magallanes, por ejemplo, dejó con cautelares muy blandas a un sujeto detenido llevando tres kilos de cocaína y otros estupefacientes cuando pretendía viajar a Puerto Natales.
Las causas del narcotráfico son muchas, sabemos cómo se ha expandido ya en todo Chile – no por nada llegó una partida de “droga zombie” a nuestra región – pero faltan scaners en el muelle de Natales y en los pasos fronterizos; no es suficiente que se remita a las fuerzas policiales los listados de pasajeros de los vuelos que vienen a Magallanes también debería hacerlo las líneas de buses, los transbordadores no para reprimir sino que para estar alerta y evitar “emborracharnos con chichita mala”.
Si los que deben asumir esas y otras tareas no cumplen con aquellas que impone la lucha contra el narcotráfico, el crimen organizado y el sicariato, la sangre de chilenos y extranjeros, algunos inocentes y otros no tanto, claro, acribillados a balazos después de ser torturados, en más de un caso, seguirá tiñendo de rojo sangre las calles de Santiago y de otras ciudades de nuestro amado Chile.
Y con la fuerza que da desafiar el viento, el frío, la lluvia, aún en pleno verano austral, levanto la mirada al cielo y pido: “Dios te salve Magallanes… del crimen más organizado porque narcotráfico ya tenemos… lamentablemente”.