El
diputado del Partido Liberal, el señor Vlado Mirosevic, cuya persona
resulta responsable del primer proyecto de ley sobre eutanasia
presentado en el año 2014, se refirió en los últimos días al anuncio del
Gobierno de darle suma urgencia a esta iniciativa que actualmente se
tramita en el Senado. Ante lo señalado, existen muchas voces en nuestro
país que obstaculizan el desarrollo de la propuesta inscrita, más aún,
olvidan la profunda naturaleza humanitaria de esta ley, ya que otorga a
las personas el derecho a elegir sobre el final de sus vidas cuando hay
un diagnóstico médico de por medio. Entonces, intentar boicotear el
proceso resulta un absurdo, insolente y agudo desequilibrio de la razón,
uno que por estos días parece abundar en fanáticos, dogmáticos e
intolerantes de la democracia.
Primero,
actualmente la ley aprobada en la Cámara establece dos causales: por un
lado, la enfermedad terminal y enfermedades que producen un sufrimiento
intolerable. Además, se fija requisitos como estar en la mayoría de
edad y en pleno uso de facultades mentales (certificado por dos
médicos), y que sea una decisión personal sin presiones externas.
También se permite dejar instrucciones previas en caso de perder la
conciencia. Cabe señalar que se descartan las enfermedades de salud
mental. Ante esto, dicho sea de paso, el diputado Mirosevic expresó en
la radio Universo que los cuidados paliativos buscan disminuir el
sufrimiento cuando no hay esperanza de recuperación. Por el contrario,
la denominada eutanasia se suscita cuando el paciente solicita
libremente que se le asista para fallecer, ello a través de un
procedimiento realizado directamente por un profesional (médico). El
suicidio asistido es similar, pero con una participación más indirecta
del médico. Para el diputado en cuestión, probablemente la ley sería
aprobada antes de que termine el presente gobierno, esto gracias al
apoyo del mandatario Boric y la significativa mayoría obtenida en la
Cámara de Diputados.
Segundo,
el diputado Vlado Mirosevic anunció la tarde del reciente lunes que
iniciará acciones legales en contra de Javier Soto, autodenominado como
“Pastor Soto”, luego de acusarlo públicamente de amenazas de muerte por
promover el proyecto de ley de eutanasia y las directrices que todo esto
conlleva. El legislador del Partido Liberal enfatizó que “el fanatismo y
el odio son peligrosos y no deben quedar en la impunidad. Como diputado
tengo todo el derecho (y el deber) de seguir impulsando la ley de
eutanasia sin temor alguno”. No obstante, es conocido que el carácter y
dogmatismo del “iluminado Soto” resultan ser el anatema (maldición) de
un sector del cristianismo nacional, ese que hospeda fundamentalismo,
literalismo y religiosidad al estilo medieval, dicho de otra manera, una
cosmovisión ética que se mantiene como mirando al invisible en calidad
de argumento único, una visión muy teológica (religiosa) con espacios de
ausencia en lo que respecta a la razón y decisión personal, esa que
erige sobre la base del proyecto titulado “ley de eutanasia”. Tal vez,
estamos en presencia de un conflicto que debiese ser resuelto con
filosofía política, o sea, poder proponer una teoría de justicia que sea
garante de horizontalidad para toda la ciudadanía, que no sea el
“gustito” de unos pocos, pero tampoco el rechazo a rajatabla de aquellas
almas temblorosas que ven en estos esfuerzos una especie de incitación a
la muerte, lo que claramente es una bazofia conceptual.
Tercero,
si consideramos la problemática en curso, las preguntas e
interpelaciones no tardan en asomar frente a la discusión pública, donde
muchas de estas tensionan la fe, religión, ética, bioética y política
adyacente a nuestro país. Por ejemplo ¿Es saludable dilatar un proyecto
de eutanasia considerando el aumento superlativo de cáncer en la
población mundial? ¿Cómo dialogar con una parte de la religión cristiana
si a momentos un segmento de esta cree que los países deben ser
gobernados por la Biblia? ¿Habrá olvidado el “Pastor Soto” que vivimos
en un Estado Laico? ¿Es Chile un país conservador o liberal? ¿Estará el
liberalismo político a la altura de las premisas que lo sustentan, o
sea, mantenerse liberal en lo económico como también en lo moral, o una
vez más mostrará una pobre “hilacha” de esbozos que resultan enraizados
en la religión sin respetar la decisión personal de un individuo?
¿Realmente existe un “peligro” en el hecho de aprobar y hacer ley la
eutanasia en nuestro país? ¿Falta diálogo, equilibrio y quiebre de
polarización en materia de deliberación política sobre el territorio
nacional? En síntesis, el conflicto entre el dogmático “Pastor Soto” y
el diputado Vlado Mirosevic abre espacios a la relectura de lo público,
de lo ético, de esa capacidad y derecho a decidir frente a una
enfermedad, donde los valores religiosos resulten una propuesta de libre
acogida, no el termómetro por donde debiesen pasar las decisiones en
materia de muerte, esa muerte que gime por amor, compasión y respeto
personal.