Cada 3 de diciembre el mundo conmemora el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, jornada declarada en 1992 por la Asamblea General de las Naciones Unidas, con el propósito de “promover los derechos y el bienestar de las personas con discapacidades en todos los ámbitos de la sociedad”. La resolución de la ONU, nos invita a reflexionar sobre cuánto hemos avanzado en igualdad de derechos en nuestras sociedades y cuánto nos falta todavía por recorrer para alcanzar esos objetivos de manera plena.
En nuestro país, de acuerdo con el Segundo Estudio Nacional de la Discapacidad (2015), en Chile, casi el 20 % de la población adulta se encuentra en alguna situación de discapacidad, ya sea severa, leve o moderada. En Magallanes, ese porcentaje alcanza al 24,2%.
En el caso de la población infantil, siguiendo el mismo estudio se señala que un 5,8 % se encuentra en situación de discapacidad.
La realidad se nos presenta frente a una serie de situaciones y brechas sociales, económicas y culturales que debemos seguir superando con decisión, mucho trabajo y voluntad principalmente.
Las barreras a las que se ven enfrentados las personas en situación de discapacidad son múltiples y transversales, afectan a su día a día, sus relaciones habituales en el hogar, el trabajo, la escuela o en sus momentos de recreación. La eliminación de las barreras que impiden el total desarrollo de las personas con discapacidad es una responsabilidad país.
Hemos avanzado, se ha ido generando mayor conciencia, se han abierto nuevos espacios, más inclusivos, y cuando observamos este camino recorrido, las nuevas conquistas, también nos damos cuenta de que, por delante tenemos más y nuevos desafíos que debemos seguir asumiendo entre todos.
La Ley de Inclusión, por ejemplo, ha permitido que unas 20 mil personas con discapacidad pudieran ocupar un puesto de trabajo.
Mayor acceso al empleo, con remuneraciones más justas, sin discriminación, acceso a la educación y formación, a la salud, son algunos de los derechos que se deben asegurar bajo una nueva perspectiva y cultura del desarrollo humano.
Los modelos educativos que puedan comenzar a diseñarse para el futuro en el corto y mediano plazo deberían considerar esta perspectiva de la inclusión e igualdad para una educación basada en estos principios que permitan una formación de personas más reflexivas y respetuosas, en definitiva, proporcionar las condiciones necesarias para poder acercarnos lo más posible a esos objetivos que nos trazamos como sociedad y como esperamos ser en el futuro.
En este sentido, no podemos olvidar a las familias y personas que acompañan o cuidan a las personas con discapacidad.
Sin duda que el proceso constituyente será un momento y espacio para refrendar los avances alcanzados y poner de manifiesto lo que queda por seguir construyendo. Escuchar las demandas y necesidades de las propias personas en situación de discapacidad será uno de los retos que tendrá la generación de la nueva carta magna.
La pandemia del Coronavirus y la vida post Covid-19, corresponden a algunos de los desafíos colectivos que, como región, país y a nivel global nos debemos proponer analizar teniendo en consideración las realidades propias de los territorios y sus comunidades.
Hoy es una buena instancia para reconocer los esfuerzos de organizaciones, instituciones, voluntariados y acciones individuales que se hacen en la región para visibilizar la realidad de las personas en situación de discapacidad, motivándonos para insistir y redoblar el compromiso por lograr una sociedad más justa y con igualdad de derechos y oportunidades.