Distancia social, distancia física, distancia afectiva

En
los años 50, 60, cuando nos formaban en el pasillo de la escuela para
entrar a nuestra sala de clases, la práctica consuetudinaria era que nos
distanciáramos entre los compañeros extendiendo nuestro brazo derecho
hasta tocar con los dedos de la mano el hombro derecho del compañero que
nos antecedía. Esto también se observaba cuando había actos en el patio
y, curso por curso, nos alineábamos y realizábamos la misma práctica.
De distancia física hablamos, ¿no es cierto?

Hoy,
ya por casi dos años se la denomina distancia social, para referirse a
la distancia física a mantener entre las personas para prevenir
contagios del virus Covid. La distancia ha variado, era un metro y
medio, a veces dos metros, las más de las veces un metro de distancia,
incluso menos, la que también se ha demarcado en el piso, o con
distancia rígida entre asientos fijos y móviles. En fin, nada riguroso.

En
esta parte del planeta, en nuestro estirado Chile, según zonas
geográficas más o menos delimitadas, y antes con diferencias de clima
más notorias, la distancia física y social variaba según se tratara de
entornos nortinos, del centro, del sur o derechamente del extremo sur
patagónico. Y dicha distancia se extendía, por tal situación geográfica,
a modos de tratamiento más afectivos o menos afectivos. No desconozco,
no debemos desconocer también otra variable interviniente, la radicación
urbana o rural, campesina. Y añadiría la variable climática como un
factor incidental en la distancia física, y afectiva. Y lo último,
influye también, la variable de descendencia cultural. Todo, todo lo
anteriormente reseñado tiene esta vez más incidencia en la distancia
afectiva, unos son más afectuosos, cariñosos, respetuosos, y otros más
distantes, hoscos, reservados, si no circunspectos.

En
este caso coyuntural de la pandemia se ha llamado distancia social
(física, en realidad) a aquella que se recomienda establecer entre las
personas para evitar riesgos de contagio con quien o quienes quizás sean
portadores del virus incluso sin saber de su contagio y tomando también
la providencia de uso de mascarillas, mínimamente. Esta distancia
física y la práctica observada, incluso entre familiares y amigos, ya
mantenida por un periodo de tiempo tan extendido, ha producido cierta
mella en los afectos, en las prácticas culturales propias de afecto.

El
choque de manos empuñadas, o sutiles toques con los antebrazos o codos,
incluso a modo chistoso, con los pies, han sido prácticas
intermitentes, que en nada sustituyen un apretón de manos, un abrazo
cordial (que significa, con el corazón o desde el corazón), o un beso en
la mejilla, por ejemplo.

En
las próximas semanas hemos de retornar a las aulas en la modalidad
presencial, luego de casi dos años de régimen educativo en modalidad
telemática. Y será tiempo de encuentros y reencuentros, no exentos de
cierta emotividad, y será el momento de nueva alfabetización cognitiva,
procedimental, actitudinal, y afectiva. Es mi deseo que el
distanciamiento físico se revierta y transforme paulatinamente en
acercamiento social y afectivo. Solo así saldremos de esta menos
malheridos.

¡Éxito y buenaventura!

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS