Domingo de Ramos, el inicio de Semana Santa

Esta semana que se inicia para los cristianos es un tiempo para contemplar los rostros de un mismo Señor.

Esta semana con la celebración de Domingo se da inicio a la Semana Santa, un tiempo importante para los cristianos.

Este
periodo es un tiempo para la oración y la reflexión, para aquietar el
corazón y dejar que el rostro del Señor se muestre de cara al corazón de
cada uno de nosotros. La entrada triunfante en Jerusalén nos muestra el
rostro humilde de Jesús ante la aclamación de un pueblo que lo recibe
con alabanzas y júbilo. El rostro afligido y angustiado de la noche en
el huerto, se muestra dispuesto a que se haga la voluntad del Padre; el
rostro paciente y adolorido de la cruz, el lugar de la muerte, el lugar
del aparente fracaso donde Jesús da su vida por toda la humanidad; el
rostro sorprendente y glorioso de la resurrección en que nos devuelve la
esperanza en la vida nueva y eterna. En estos días podemos encontrarnos
con esos rostros que nos revelan a Dios, que sale a nuestro encuentro,
que nos invitar a conocerlo y a seguirlo.

Especial
atención merece el rostro misericordioso de Jesús crucificado con uno
de sus compañeros de sentencia. El ladrón crucificado al lado de Jesús
nos muestra la necesidad de todo cristiano de comprender cómo es el
Reino anunciado, el grito del hombre crucificado al lado del Señor
¡acuérdate de mí! (cf. Lc 23,42) hoy resuena también en nosotros; con
misericordia Jesús acoge ese grito, y en la situación más extrema de su
propia muerte le da la esperanza en una vida plena al que confía en él.
Lo que se muestra en la cruz no es otra cosa que el amor, un amor que no
tiene medida, un amor íntegro y sólido, que sin dudarlo se entrega
hasta dar la vida.

En
esta semana santa, encontrémonos con los rostros del Señor, y confiando
en su bondad infinita digamos a Jesús “acuérdate de mí”, y que en la
resurrección también nosotros nos dejemos renovar por la alegría del
amor y la misericordia. Hagamos nuestras las palabras del Evangelio,
sólo tú Señor “haces nuevas todas las cosas” (cf. Ap. 21,5).

Pero también en esta semana estamos llamados a respetar a aquellos que no piensan igual que nosotros y respetar todas las creencias.

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