Don
Diablo se ha escapado, tú no sabes la que ha armado, ten cuidado, yo lo
digo por si… así comienza una canción de Bosé. Una letra aplicable al
aumento de contagios en Chile y Magallanes, porque el virus anda
desatado y circulando libremente. El Covid-19 ha superado todos los
récords de contagios en las últimas semanas y todo indica que estas
cifras seguirán subiendo progresivamente. Las proyecciones estadísticas
indican que a fin de mes podríamos alcanzar entre los 20 mil y 40 mil
casos diarios, colapsando los hospitales en todo Chile en forma
simultánea, dificultando la capacidad de atención oportuna y apropiada.
Un dato importante a considerar a esta altura es el aumento diario de
personas ventiladas, porque es bien sabido que Chile tiene una capacidad
limitada de camas UCI.
Este
aumento sostenido de nuevos contagios tiene probablemente dos causas
importantes: la pérdida de temor al virus y la nueva variante Ómicron.
Es común escuchar en diálogos entre personas cuestionamientos a las
vacunas, el rechazo a la necesidad de una dosis de refuerzo, la
sensación de que la pandemia ya había pasado o que el virus es solo un
simple resfriado. Todo lo anterior nos llevó a un relajo de las medidas
de control y de autocuidado, aumentando la movilidad y la posibilidad
de contagios. Por su parte, la variante Ómicron ha causado en todo el
mundo un aumento acelerado de nuevos contagios, cuadruplicando las tasas
de infección. Esta variante presenta mutaciones que le permiten
transmitirse con mayor facilidad y aumentando el riesgo de reinfección;
es decir, tiene la capacidad de transmitirse entre personas vacunadas o
que hayan tenido la enfermedad.
Los
vacunados deben mantener la calma. Hasta ahora la vacunación ha
cumplido su objetivo y son mayoría las personas no vacunadas o sin su
esquema completo o sin dosis de refuerzo las contagiadas y
hospitalizadas en esta nueva ola. Las vacunas, cualquiera sea la que
haya recibido, han demostrado prevenir la posibilidad de contagio y, de
ocurrir, con seguridad evitará un cuadro complicado de la enfermedad o
el fallecimiento. Sin embargo, hasta ahora se sabe que las vacunas
pierden su efecto aproximadamente a los seis meses, siendo importante
concurrir oportunamente a los llamados de dosis de refuerzos. Es por
ello que la única estadística apropiada con fines de protección
colectiva hoy día es el porcentaje de personas con sus vacunas al día,
de acuerdo a su edad.
Con
fines de control es urgente que el Gobierno emprenda dos campañas para
evitar que la inminente saturación de los hospitales sea sostenida en el
tiempo: re-educar a la población y, al menos intentar, recuperar la
trazabilidad. La población debe entender la situación de la pandemia y
su dinámica, para poder asumir sus responsabilidades. Debe haber un
llamado constante en los medios de comunicación para que las personas
mantengan y usen correctamente la mascarilla, eviten permanecer tiempos
prolongados en espacios cerrados o en aglomeraciones de personas, y
realicen frecuentemente el lavado de manos. Por otro lado, es urgente
que el Gobierno asuma la responsabilidad de la trazabilidad de los
contagios, procurando los recursos y el personal adecuado para ello.
Trasladar la responsabilidad de la trazabilidad a las personas es casi
lavarse las manos y tirar la toalla, porque no asegura la efectividad o
apropiada aplicación de la medida, relativizando el objetivo y el
control.
En
este escenario, cualquier medida más restrictiva a la movilidad de las
personas dependerá de los porcentajes de hospitalización y ocupación de
cama criticas a nivel nacional. Esperemos no llegar a eso, y lo único
que queda por el momento, a cada uno de nosotros, es extremar los
autocuidados.