Donde está el centro

Transcurridas
las Primarias Presidenciales, con una tan abrumadora participación y el
triunfo de Gabriel Boric, surgen por cierto las expectativas por
encontrar el centro político, algo así como un espacio virtual donde
surjan los acuerdos y reine la moderación. Con todo, lo cierto es que
el centro político hoy se asemeja más a un gran agujero negro que atrae a
toda suerte de audaces, gurús, falsos profetas y a una clase política
que se resiste a perder sus privilegios y que no asume el desprestigio y
su propia incapacidad para entender los nuevos tiempos y sus
limitaciones.

Por
el contrario, este resultado debiera convocarnos a muchos a la retirada
o tan solo al modesto y humilde acompañamiento, dado que para ser
Presidente de Chile, el ungido requiere de más votos y eso es una
obviedad, difícil de alcanzar si se considera sólo el potencial de una
juventud radicalizada y que no votó.

Con
suerte y algo de buen criterio, se deberá asumir en el transcurso de la
campaña que los últimos treinta años no fueron ni tan duros ni tan
malos, que hubo grandes avances y una considerable superación de la
extrema pobreza, que hoy amenaza irrumpir tras la pandemia.

Los
llamados al centro, a la moderación y a la unidad nacional no tendrán
eco alguno si no asumimos la realidad en un país que enfrentará un duro
periodo post pandemia, que ya no contará con capacidad para asignar más
bonos y donde ya se hizo uso y abuso de los fondos previsionales. El
hambre de Chile, se sació con la venta de autos, electrónicos y el pago
de tarjetas como un peaje a la felicidad de corto tiempo, donde el
índice de gratificación es cada vez más demandante, exigente y por
momentos se torna fuera de control.

En
este contexto no aparece Santa Yasna ni su acólita del Partido
Socialista, cuyas bases se sienten más identificadas con la renovación y
la posibilidad de tomar el cielo por asalto. Ha sido mucha la espera y
la incertidumbre de su irrupción ha perjudicado su opción gravemente,
falló el cálculo que apegado a antiguos parámetros apostaba a ser
alternativa a los extremos entre el Partido Comunista y la derecha
política más dura. El categórico resultado no sólo nos mostró a Gabriel
Boric como el gran triunfador de la jornada sino que a un Daniel Jadue,
que obtuvo más votos que Sebastián Sichel, el mayor triunfo en
elecciones libes de un candidato comunista en el hemisferio.

Todos aquellos que vivimos la transición, valoramos la democracia y sus logros, que tenemos la pretensión de haber
aprendido algo de sus imperfecciones no tenemos otra opción, parece,
que asumir la necesidad de los cambios profundos que Chile demanda, pero
sin sacrificar nuestra preciada y hoy precaria estabilidad económica y
política. El futuro gobierno cualquiera éste sea, requiere con urgencia
superar la dictadura de las consignas de la izquierda y la derecha más
dura, ni el puro y duro crecimiento económico podrá erigirse con más
AFP, y un sálvese quien pueda, ni los cambios podrán realizarse sólo con
puños en alto y buenas intenciones.

En realidad el único centro al que podemos aspirar es a ese que se consigue
tras una profunda y seria reflexión de nuestro tiempo, sus riesgos y la
necesidad de defender esos grandes logros que el país puede exhibir y
que son obra del sacrificio de todos. El futuro no se construirá desde
la lógica del negacionismo de los últimos treinta años, es cosa de mirar
al vecindario que nos impone la geografía, para comprender que el
centro político no pertenece ni a los agoreros del fracaso con su
permanente campaña del miedo pero tampoco pertenece a falsos profetas
del cambio que pretenden conducir con consignas que huelen a disco
rayado, desgastado y fallido, en eso Gabriel Boric, lo hizo mejor, al
menos hasta ahora ha mostrado una humildad que cautiva
a viejos y jóvenes, como una de sus características más respetables.

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