Dos adagios para esta semana

“El
horno no está para bollos”, el bollo de este adagio se trata de un
panecillo dulce elaborado a base de harina y azúcar y que se horneaba
solo en ocasiones especiales, no siendo algo que se realizase usualmente
como podía ser el pan. Para que la cocción de estos bollos fuese
correcta hacía falta que el horno tuviese una temperatura específica, lo
que hacía que no se pudiese cocinar o meter en cualquier momento, ya
que no se garantizaba el éxito a la hora de elaborarlos.

 De
ahí que quedase relacionado el adagio a que en situaciones críticas
como por ejemplo hambruna no era la oportunidad de cocinar bollos en el
horno.

Pues
algo así está pasando en el MINSAL con los reportes que se dan a diario
en la comunidad, desde principios de abril relativo al Covid-19, así en
el reporte de la Seremi de Salud a nivel regional comenzó indicando el
total de muestras enviadas para análisis al día, las muestras con
resultado negativo totales al día, las muestras con resultado positivo
totales al día, las muestras con resultado pendiente al día, cuestión
que se dejó de hacer hace una semana, indicando ahora el reporte sólo
las muestras enviadas para análisis y las muestras con resultado
positivo, número que se debe deducir en base a los casos nuevos
reportados. 

Este
cambio en la entrega de datos impide poder hacer un seguimiento preciso
de parte de personas ajenas al MINSAL, lo cual resulta frustrante para
quienes lo estaban realizando a fin de determinar las curvas de contagio
en la región.

Pero
eso no es todo, el jueves se quebró la mesa de Datos del COVID-19  esto
luego de que el Instituto Milenio Fundamentos de los Datos (IMFD)
anunciara el congelamiento de su participación en la instancia y
criticara al gobierno por “ausencia” de información.

Paralelamente
en un hecho sin precedentes, de forma anónima un sector de la “primera
línea” denominado “colectivo matapacos” sube un video a las redes
sociales extremadamente violento, instando a la quema del palacio de la
Moneda, el ahorcamiento del gabinete y el cercenamiento de la cabeza del
Presidente de la República, todo en un ambiente asambleísta de corte
pagano satánico, ese tipo de alegorías violentas, se suma a las amenazas
vía redes sociales a Carmen Hertz, Izkia Siches, Jaime Mañalich, entre
otros actores políticos y autoridades.

Pareciera ser que el Gobierno por un lado
persiste en una soberbia que subyace en el tuétano de las bases
estructurales del círculo de hierro de Sebastián Piñera, al pretender
que tienen el sartén por el mango y pueden establecer y mandatar lo que
estimen pertinente acorde a sus propios diagnósticos incluso con omisión
de información (igual al gobierno de Bachelet), y por otro lado el
extremismo político de ultraizquierda y extrema derecha cree que la
situación por el COVID-19 no es tan gravitante como para suspender las
escaramuzas con tal de anular al adversario para la consecución de sus
objetivos políticos.

Estos son dos factores que me temía que aparecieran cuando mencioné en enero que Chile como Estado Nación no estaba apto para enfrentar la amenaza global que se avecinaba tras nuestras fronteras. Sin embargo,
ahora yo estaba tranquilo por que sentía que me había equivocado porque
viendo el manejo del Ministro Mañalich, la estadística de la OMS y la
tregua del estallido social, percibí que el país había comprendido que
juntos saldríamos de esta y de verdad es pero seguir equivocado con mi
primer análisis y no pensar que ante la carrera contra la pandemia hemos
partido como caballo inglés y terminaremos como burro chileno.

“Partida
de caballo, llegada de burro” es otro adagio que se aplica para
expresar cuando se comienza con eficiencia e ímpetu un trabajo pero se
termina el mismo casi por pura suerte, con desidia y mala calidad.

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