A
partir de los escrutinios del 18 de julio, se aprecian diversas
actitudes en los ganadores de dicha contienda. Gabriel Boric ha señalado
en varias oportunidades que necesita de todos para realizar lo que a su
juicio, son transformaciones profundas que la ciudadanía estaría
pidiendo. Al celebrar el resultado, señaló que toma lo mejor de la
Concertación, y desecha lo malo, en una interpelación directa a quienes
se quedaron huérfanos de representación, pues ese centro izquierda ya no
les interpreta. Le habla además a los militantes y adherentes
socialistas, porque requiere de su apoyo. Concita ampliamente el voto
izquierdista y con eso en mano, transita hacia el centro político sin
renunciar a sus ideas y convicciones. Demuestra capacidad de adaptación a
los diversos escenarios que enfrenta. Entiende que necesita la voluntad
de todas las personas que votan a la izquierda, pero a su vez, requiere
también del centro político. O de otra manera, no desprecia ni desecha
apoyos ni alianzas con otras fuerzas de izquierda o centro izquierda; no
es dogmático en su mundo. Más aún, Boric en un gesto de acercamiento al
Partido Socialista se junta a tomar once con sopaipillas con la
abanderada de dicho partido, en un gesto político en ese sentido. A esa
altura, el magallánico tenía clara conciencia de la débil posición en
que se encontraba y encuentra el Partido de Allende y el mundo de la ex
Nueva Mayoría de cara a las elecciones de noviembre próximo.
Por
el lado de Chile Vamos, el candidato Sabastián Sichel no ha tenido
hasta ahora una mirada similar a la del frenteamplista.
Sorprendentemente limita voluntariamente su electorado, situándolo desde
el centro político hacia la izquierda, tratando de aislar al electorado
de derecha
representado en José Antonio Kast. Su estrategia es verse absolutamente
centrista, sin asomos a su parecer, de la derecha. Olvida que por la
opción Rechazo en el plebiscito de octubre del año pasado, estuvo el 22%
de las personas, mientras en la elección de convencionales, la derecha
obtuvo un 20%: es decir, existe un no despreciable número de personas
que no se identifican con Sichel y que serán esenciales
para ganar las elecciones presidenciales; número que por lo demás ha
aumentado al ver el desaguisado de la Convención Constitucional. El que
Sichel se niegue a una lista parlamentaria común con el Partido
Republicano repercutirá en un menor número de parlamentarios electos,
algo de lo cual no puede darse el lujo el presidenciable, pues gobernar
con un parlamento en contra, especialmente si está compuesto por
políticos de izquierda, hará insoportable la concordia, como
ocurre en la actualidad. Así, mientras Boric intenta sumar apoyos,
Sichel comienza por restar apoyos; mientras Boric desde la izquierda va
hacia la conquista del centro político, Sichel rechaza a la derecha con
un pretendido centrismo, pensando que si pasa a segunda vuelta a la
derecha no le quedará otra que apoyarle a costo cero; sin embargo, el
coste será elegir menos parlamentarios y el riesgo cierto de perder la
presidencia.
Por su parte, José Antonio Kast, desde su posición de derecha entiende los profundos
desafíos actuales y está abierto a conversar con todos los partidarios
de una sociedad libre y hacer una lista común con el fin de optimizar el
resultado electoral. Personajes de este conglomerado rechazan tal idea, tratando de verse más “moderados”, como si no bastara que con esa “moderación” entregaron a la izquierda radical la redacción de una posible nueva Constitución.