Los
expertos Magdalena Vergara, directora de Acción Educar, Alejandra
Arratia, directora de Educación 2020, y José Joaquín Brunner, académico
de la Universidad Diego Portales, protagonizaron un duelo de expertos, a
través del diario El Mercurio el pasado domingo, acerca de la
evaluación de la ley Sobre Nueva Educación Pública, su entrada en
vigencia y la posibilidad que se aplique íntegramente y dentro de los
cronogramas establecidos. Bajo
un subtitulo lapidario, coinciden en que ha sido la mala gestión de los
municipios la que ha retrasado el proceso y plantean que se debe
evaluar la ley para corregir las fallas. Con todo, si se lee
detalladamente la entrevista, en realidad no hacen sino exteriorizar un
conflicto acerca de la distinta visión que se tiene de la educación
pública y de cómo se puede salir del atolladero, pues no se legisló para
los nietos o para cuando dos generaciones ya hayan terminado sus ciclos
de enseñanza. Magdalena
Vergara, pone el énfasis en la gestión y la sobredotación como un
obstáculo insalvable para el traspaso a los servicios locales, el cual
no sería posible sin subsanar los vicios del sistema, para lo cual se
requiere flexibilizar la ley y permitir a los nuevos servicios contratar
conforme a sus necesidades. O sea, despidos, criterio que comparte
José Joaquín Brunner. El problema es que para lograr estos objetivos
tendrían que consultar al profesor José Maza y ver si esto sería posible
en Marte o en un contexto en que no existan sindicatos, federaciones y
grupos de presión que quieren soluciones inmediatas, donde el presidente
que tiene la iniciativa cuenta con un 14% de adhesión. No es más
aterrizada la posición de Alejandra Arratia, quien defiende la inmediata
y urgente aplicación de la ley, dado que la reforma se hizo porque la
educación pública no podía seguir esperando, y es una prioridad para el
país, mientras el profesor Brunner, propone que en realidad se requiere
postergar la entrada en vigencia de la ley para el año 2025 0 2030. O
sea, casi quince años después de publicada la ley, cuando ya varias
generaciones de estudiantes han concluido su enseñanza. La
conclusión es obvia, la educación es demasiado importante para dejarla
en manos de académicos y profesores. La ley 21040 no resolvió ningún
problema de fondo, sólo hizo suyas algunas consignas como las del no al
lucro, la selección y el copago, en un país donde ya al año 2017 dos
tercios de los niños y jóvenes chilenos estudiaban en colegios
subvencionados o particulares y los padres marcharon por seguir pagando.
El legado quiso imponer una legislación más fuerte que la realidad, sin
financiamiento y sin atacar desde sus inicios el problema donde
estaba, en la escuela pública, neutralizando los vicios a que apuntan
los expertos como la sobredotación y la mala calidad de la educación que
no son sino consecuencia de una mala administración, porque antes de
educar se deben cumplir los contratos de trabajo, pagar imposiciones
previsionales, créditos sociales y no especular con el dinero de los
trabajadores, para todo esto se requiere de financiamiento público
estable y no de incentivos variables como la subvención. Los
malos negocios hay que terminarlos pronto para que no sean tan malos.
La nueva educación pública limitó la libertad de educación, desincentivó
la inversión privada en infraestructura y la generación de nuevos
proyectos educativos, no erradicó los vicios a que se refiere Magdalena
Vergara y José Joaquín Brunner, y nada asegura que en las próximas
administraciones municipales estos se superen, si no se generan plantas y
dotaciones ajustadas a la demanda educativa, y se establece un sistema
de jubilación forzosa, pero debidamente compensada y con pensiones
dignas. Es indudable que se requiere un recambio en las prácticas pedagógicas, pues más de lo mismo no sirve. Así,
la propuesta de Ignacio Briones, no es descabellada, en el sentido de
permitir el ejercicio a profesores extranjeros. La pregunta es por qué
no, cuáles son los temores, o acaso no hay nada que aprender de la
educación técnico profesional en Alemania o Brasil, o de la formación de
los profesionales cubanos. Quizá el temor real es que no somos tan
buenos ni tan expertos como se nos ha dicho.