Un
amigo que estuvo de visita en Punta Arenas hace casi un mes me contó
que un domingo, a eso de las seis de la tarde, salió de su hotel a
buscar un lugar donde comer algo y que, en su andar, había quedado
asombrado ante tres vehículos que realizaron maniobras arriesgadas o
derechamente contrarias a la ley. Mi amigo fue muy concreto: “Eran tres
tipos manejando borrachos a esa hora de la tarde”, me dijo asombrado.
Cuento esto porque creo que
hemos llegado a un punto donde el manejar bajo la influencia del
alcohol se ha vuelto un problema mayor del cual todos y todas debemos
hacernos cargo. Creo, sin temor a equivocarme, que no pasan más de dos
días sin que los medios de prensa regionales den cuenta de algún
accidente automovilístico donde la constante sea conductores ebrios. De
hecho, en los últimos casos que hemos conocido, lo llamativo han sido
los elevados niveles de alcohol detectados a los involucrados.
En
el accidente ocurrido el pasado martes a las 18.15 horas en calle
Enrique Abello, el conductor del automóvil causante del accidente,
cuya identidad ha sido protegida por resolución judicial, marcó un
record de 3,86 gramos de alcohol en sangre. Si consideramos que marcar
1,2 gramos de alcohol en sangre equivale a haber tomado, por ejemplo,
cinco copas de vino o dos piscolas, es increíble que este señor haya
tenido la capacidad siquiera de subirse al auto.
Sin
duda, desde la entrada en vigor de la denominada Ley Emilia marcó el
inicio de un cambio cultural en nuestro país. Hoy muchas personas que
concurren a eventos sociales donde saben que van a beber optan por salir
en algún medio de transporte alternativo y así evitarse correr riesgos y
violar la ley. Sin embargo, para muchos en nuestra ciudad, claramente
el mensaje no ha sido recibido claramente o derechamente lo han
ignorado.
Tal
como lo ha indicado la presidenta de la Fundación Emilia, Carolina
Figueroa, Magallanes es la región con peores índices de siniestralidad
vial asociada a consumo de alcohol, drogas y exceso de velocidad. El año
pasado, del total de alcotest realizados en nuestra región, un 21%
arrojaron resultados positivos, muy lejos del 0,3% que fue el promedio
nacional en igual período. Estos números no pueden dejarnos
indiferentes.
Creo
que ha llegado el momento en que se tomen acciones concretas que
tiendan a reducir de manera significativa estos preocupantes números. En
primer lugar, Carabineros debe iniciar una ofensiva decidida en cuanto a
mayor fiscalización. No sirve de nada que se hagan controles acotados y
en horarios más o menos conocidos pues no se cumple con el efecto
disuasivo. Si sabemos que los vehículos corren a toda velocidad por la
costanera pongamos controles especiales que se incrementen los fines de
semana y sumémosle fiscalizaciones “sorpresa” en distintos puntos de la
ciudad.
Sin
duda llegó la hora de parar este tipo de conducta que es un peligro
latente en las calles, estamos hablando de la pérdidas de vidas humanas
víctimas de conductores irresponsable, que han sido causante de
numerosos accidentes con consecuencias fatales. Por eso en mayo del
presente año presenté un proyecto de ley que busca sancionar con mayor
firmeza a estos infractores de la ley, llegando en algunos casos, a la
inhabilidad perpetua para obtener una licencia de conducir.
De igual manera,
creo que se debe diseñar una política de enseñanza de buenas prácticas
que comiencen en la escuela, para que nuestros niños y niñas sean en el
futuro conductores responsables. Además, la Intendencia y el municipio
podrían estudiar la posibilidad de implementar una fuerte campaña contra
los choferes ebrios que fomenten la condena social de estas practicas
anti-ciudadanas, que también tenga un fuerte componente mediático.
Al
igual que quien manipula un pistola cargada sabe que con eso puede
herir y hasta matar a otra persona, quien conduce un vehículo bajo los
efectos del alcohol no es alguien que simplemente esté cometiendo una falta, es alguien que está cargando un arma que puede marcar para siempre la vida de otras personas y destruir familias completas ante perdidas que son irreparables.