Ebullición global

El
secretario general de la ONU, Antonio Guterres, declaró, hace 2
semanas, “la era del calentamiento global ha terminado, ahora es el
momento de la era de la ebullición global”, en medio de una ola de calor
en el verano del hemisferio norte. De hecho, julio fue el más caloroso
en la historia desde que se tienen registros. La declaración debe
entenderse con un sentido de realismo; por tanto, como una alerta a las
graves consecuencias del calentamiento global, que hoy cuestan
anualmente miles de vidas, pero que además compromete la calidad de vida
de las personas, especialmente de los países menos desarrollados y de
aquellas de más bajos recursos en todo el planeta. El planeta está
enfermo y debemos actuar pronto y en conciencia antes que sea
irreversible.

De
cara a una nueva Cumbre Climática, en septiembre, la comunidad
científica ha prendido las alertas cobre la situación del planeta. La
temperatura promedio sigue en aumento y cada año batimos nuevos
registros, generando un aire de pesimismo en torno a la meta de
mantenerse bajo los 1,5°C de calentamiento global. De hecho, la
comunidad científica ha alertado que la temperatura del planeta con las
actuales medidas podría alcanzar en la próxima década un aumento de
temperatura superior a los 2°C, lo cual tendría consecuencias
catastróficas e irreversibles para la sobrevivencia de las especies en
el planeta.

El
concepto de Ebullición Global se está ocupando para diferenciar la
discusión política en torno a si el calentamiento global es un fenómeno
natural o principalmente provocado por el hombre. Ante una serie de
mandatarios y países escépticos aún al fenómeno de cambio climático, que
los ha llevado a restarse o retrotraerse en compromisos y acciones que
pretenden remediar o frenar este fenómeno, el concepto de Ebullición
Global apunta a que el calentamiento de la temperatura planetaria es
provocada por la acción humana. Si bien el planeta se ha enfriado y
calentado en forma natural, las actuales temperaturas promedio no han
sido observadas en más de 120 mil años, con la diferencia que ahora
ocurre en un lapsus reducido de tiempo. Sólo la acción humana explica el
actual calentamiento planetario.

Día a día somos testigos de las evidencias de la ebullición global, principalmente a
través de los medios de comunicación, pero también en nuestra vida
cotidiana. En los últimos años hemos sido testigos de mega-incendios
forestales, que a la vez arrasan con poblados; de grandes sequías que
año tras año dificultan nuestros cultivos y ponen en riesgo nuestra
seguridad alimentaria o, de la situación contraria, grandes lluvias e
inundaciones que se expresan en corto tiempo, generando desastres y
aluviones, pero que difícilmente cubren los déficits históricos; los
ecosistemas tiene cada vez menos capacidad de adaptarse a los cambios
drásticos de la atmósfera, arriesgando la sobrevivencia de miles de
especies; temperaturas inusuales o golpes de calor que ponen en riesgo
la salud humana especialmente de los niños y adultos mayores, y con
mayor efecto en las clases proletarias; aparición de nuevas enfermedades
y plagas; calentamiento de los océanos; y otras. Año tras año nuestro
planeta cambia y cada vez nos empieza a afectar más directamente.

En
este escenario todos tenemos algo que hacer y todos nos debemos
comprometer. Estamos en una transición al cambio climático y eso
necesariamente conlleva cambios de hábitos y estilos de vida. Chile
ha
dado grandes señales de adaptación a través del cambio de la matriz
energética hacia energía renovables, generando un Plan de Acción
Nacional de Cambio Climático o promulgando la ley de Cambio Climático,
que establece como meta que el país sea carbono neutral y resiliente al
clima. Sin embargo, también se requiere el compromiso personal, tratar
de usar menos el auto, ocupar menos gas y más electricidad, compostar su
basura, ahorre agua, reciclar todo lo que se pueda. Algunos pequeños
cambios en nuestras vidas pueden salvar el planeta, pueden salvar vidas.

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