Economía, bienestar e identidad

En periodo electoral es un tiempo apropiado para discutir ideas de desarrollo económico de los territorios, y como aquello debería generar bienestar en la población. Sin duda, el crecimiento económico va íntimamente ligado al desarrollo de las personas; sin embargo, muchas veces las aproximaciones de los conglomerados políticos y sus candidatos no siempre logran conciliar en sus propuestas ambos mundos, siendo sus prioridades muchas veces confusas o con tendencias a postergar una u otra opción. Esta disociación recurrente provoca síntomas que afectan el desarrollo armonioso de las sociedades: desigualdad, deterioro de la calidad de vida, inequidad de género, conflictos sociales, menor productividad, corrupción, desprestigio de las instituciones, entre otras. A esto debe sumarse un componente muchas veces olvidado por las políticas públicas en las economías locales: la identidad.

El crecimiento económico comúnmente se entiende como el aumento en la producción de bienes y servicios de un país y el desarrollo humano como el mejoramiento de las condiciones de vida de las personas. Soy de la generación que sufrió la instalación del modelo neoliberal en Chile, que trajo desempleo, pobreza, desigualdad y deterioro de la calidad de vida y descrédito de las instituciones del Estado, en donde la “teoría del chorreo” terminó por enriquecer a algunos y a condenar a la postergación a la inmensa mayoría de la ciudadanía. Somos de una generación que creció observando como los elementos básicos de bienestar como salud, vivienda o educación se transformaban en elementos prohibitivos. Por tanto, es sumamente entendible que nuestra aproximación al poder coloque como prioridad que el crecimiento económico contribuya al desarrollo de las personas, procurando mejoras sustanciales en la calidad de vida en equidad. 

Hasta ahora hemos ocupado el PIB como un instrumento de medición de la robustez de nuestra economía. Sin embargo, después de un tiempo hemos entendido que el ingreso de más recursos no implica necesariamente una mejora en la calidad de vida de las personas.  Se requiere promover empleos dignos y bien remunerados, generar más condiciones y oportunidades para la movilidad social, mejorar la protección social en calidad y tiempos de cobertura, aumentar la inversión y cobertura de educación, hacer efectiva la participación de la sociedad civil en la toma de decisiones, disminuir las brechas de desigualdad de género. En fin, procurar mediante la implementación de políticas y estrategias adecuadas que el crecimiento económico implique en forma efectiva y progresiva mejoras tangibles en la calidad de vida de las personas.

De acuerdo a la OCDE, mejorar la calidad de vida de las personas requiere elementos específicos del bienestar: vivienda, ingresos, empleo, comunidad, educación, medioambiente, compromiso cívico, salud, satisfacción ante la vida, seguridad y balance entre la vida y el trabajo. Es decir, una serie de factores medibles en torno al desarrollo de las personas en un medio adecuado. Sumado a ello, en el curso de su formación y desarrollo las personas van adecuándose a las costumbres y comportamiento de su grupo territorial o social, lo que genera identidad y sentido de pertenencia. El desafío de la política y la inversión pública debe ser enfocarse en mantener las costumbres y estilos que generan identidad en las comunidades. Tras la concreción de bienestar con identidad subyacen condiciones de satisfacción o felicidad.    

Un magallánico seguramente valorará aquella inversión o política pública que tienda a correlacionarse con su identidad.  Es decir, crecer de forma equilibrada en el marco del concepto de desarrollo sustentable, logrando niveles de bienestar, calidad de vida y mantención de costumbres, sin sacrificar nuestros recursos naturales. Si vamos a invertir en seguridad tiene que procurar casas sin rejas en las ventanas, jóvenes transitando sin miedo o calles libres de lanzazos. Si vamos a fomentar calidad de vida tiene que protegerse ese estilo provinciano que nos permite almorzar en familia, comprar artículos de calidad o disfrutar la naturaleza. Si vamos a invertir en futuro que sea generando oportunidades de desarrollo a nuestros jóvenes o una vejez protegida a nuestros pensionados. Inversión con identidad.

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