La
educación técnico profesional en Chile cumple este 2022, 80 años de
manera formal, aunque existen antecedentes históricos a comienzos del
siglo XVIII con Manuel de Salas Corbalán y posteriormente con la
creación de la Escuela de Artes y Oficios. Desde entonces, nuestro país
ha reconocido en la formación técnica, su invaluable aporte al
desarrollo de los territorios y de las comunidades.
Con
el pasar del tiempo, la educación técnica se ha venido posicionando
como una necesaria aliada estratégica del sistema educativo nacional,
conformando una elección que permite a muchos jóvenes y sus familias
construir y dar vida a sus proyecciones que les permita poner en
práctica sus capacidades y habilidades para enfrentar un mundo laboral
cada día más exigente y dinámico en cuanto a las reales necesidades que
plantean los diferentes contextos sociales.
En
el presente, los miles de jóvenes que transitan por la enseñanza media
se ven enfrentados a una decisión que resulta siempre difícil al momento
de pensar en la continuidad de estudios y ver cada vez más de cerca la
vida laboral. En este proceso, la educación técnica emerge para proponer
sus múltiples caminos que puedan entregar respuestas a sus anhelos.
Así
es como las diferentes instituciones de educación técnica, se han visto
en la necesidad de adaptarse a los requerimientos y demandas tanto del
mercado laboral como de los intereses personales de sus potenciales
alumnos que aspiran a una educación de calidad que los prepare de la
mejor manera posible.
Se
ha señalado que en Chile, algo más del 42% de la matrícula en la
educación superior corresponde a estudiantes en institutos profesionales
y centros formativos, demostrando que la propuesta académica técnica es
suficientemente robusta y puede todavía serlo mucho más si se brindan
las herramientas correspondientes a las instituciones, se apoyan sus
proyectos, se facilita su labor y fortalece su gestión.
Aquí
es donde cobra gran importancia la asociatividad y las alianzas que
puedan generarse entre el sistema educativo técnico público y el mundo
privado. El primero, formando profesionales y técnicos competentes con
amplios conocimientos no solo en áreas especializadas sino que también,
capacitados desde una perspectiva más humana, con valores basados en el
respeto, en la diversidad y la conciencia medioambiental pensando en
contribuir al desarrollo sostenible del territorio y sus comunidades.
Por
otra parte, las empresas empleadoras, constituyen un eslabón
fundamental en este engranaje, poniendo a disposición de la formación de
las y los jóvenes, sus conocimientos, la innovación y los avances
tecnológicos, además de brindar un acceso equitativo, justo y
responsable a prácticas profesionales, perfeccionamiento y empleos de
calidad.
A
lo anterior, debemos sumar una necesaria mejor articulación entre la
educación media y la educación superior técnica profesional que
disminuya las brechas de conocimientos y la amenaza de la deserción.
El
éxito de esta fórmula nos puede llevar a imaginar un horizonte futuro
donde el desarrollo económico esté fundamentado en la igualdad de
oportunidades desde un mejor acceso a la formación que determine al
mismo tiempo, la posibilidad de una mejor calidad de vida de las
familias.