Los
veranos en Chile no traen exclusivamente sol y descanso. Estamos en
condiciones de casi asegurar que, para atravesar este momento del año,
hay que empezar a estar preparado para enfrentar lo imprevisto. Desde
fenómenos naturales hasta los golpes a la economía y remezones políticos
que no dejan de sorprender.
Entre
todas las situaciones que podríamos recordar, los incendios en la V
Región, se han transformado en uno de los hechos más complejos y
lamentables que hayamos observado en el último tiempo.
Algunos
reportes oficiales dan cuenta de más de 18.300 personas afectadas,
6.900 viviendas destruidas y unas 10.300 hectáreas que han sufrido las
consecuencias del fuego.
La
situación de los fallecidos se ha convertido en un tema aparte que
deberá ser evaluado por las autoridades competentes a fin de evitar
incertidumbre y la falta de información oportuna que persistió durante
la tragedia que dejó sin vida a unas 132 personas de acuerdo con el
reporte del Servicio Médico Legal de Valparaíso que al 13 de febrero
había indicado que la mitad de ellas pudo ser identificada.
Claramente,
estamos frente a uno de los incendios más importantes si recordamos
incendios forestales ocurridos en Valparaíso hace algunos veranos atrás.
Sin embargo, y a pesar de los esfuerzos de bomberos y equipos de
emergencia, siempre es posible extraer algunas lecciones que nos pueden
ser de gran ayuda para estar mejor preparados frente a futuros
acontecimientos.
Eso
ocurrió después del terremoto y tsunami de 2010, los incendios en
Torres del Paine y Valparaíso, incluso de la pandemia hemos logrado
analizar los hechos permitiendo una evaluación posterior que nos genere
herramientas para responder de la mejor manera posible.
Ante
estos lamentables hechos es cuando mejor cobra sentido los simulacros y
ejercicios de evacuación por dar un ejemplo básico. Las mesas de
trabajo permanente de representantes de instituciones involucradas
representan un espacio fundamental para la gestión de los recursos
humanos y económicos así como la coordinación de respuesta y ayuda. Su
rol es vital en la acción directa y en terreno para asistir a la
población en caso de emergencia o situación de riesgo.
Desde
la disposición de equipos y expertos, hasta la movilización de
maquinaria, profesionales de la salud, asistencia humanitaria,
evacuación y claramente, la propia reconstrucción requieren no solo
estar preparados, además, es preciso y determinante, la dirección y
liderazgo que pueda adoptar medidas y acciones inmediatas bajo la
presión que significa resguardar la vida de las personas.
¿Cuánto
podremos aprender de lo ocurrido en esta ocasión? Dependerá de la
seriedad y responsabilidad con la que podamos asumir las emergencias,
sabiendo además, que vivimos en un país donde la naturaleza puede
sorprender en cualquier momento.
Es necesario fortalecer los mecanismos ya existentes y corregir si es necesario, lo que pueda ser justo de mejorar.
Las
escuelas pueden ser un espacio más que adecuado para comenzar a
conversar con estudiantes y sus familias acerca de la importancia de
estar preparados ante emergencias y sobre todo, saber qué hacer cuando
la situación lo amerite, a través de programas e instancias educativas
especialmente destinadas a generar conciencia entre la comunidad.
Por supuesto que, debe haber muchos otros aspectos que necesitarán revisión y evaluación, lo importante será hacerlo pronto, cuanto antes mejor.