No pocas veces se ha comentado que lo que ocurra
o eventualmente ocurriese en China ha de tener efecto en otra parte del
planeta Tierra. Es un clásico la historia de que si una mariposa vuela
en la plaza de Tiananmén, Pekín, en occidente sí nos hemos de enterar, o
hemos de saber que ello ocurrió, y que causará un efecto o bueno o
malo, y ya es también costumbre de que se trata de algo que nos causa
pesar.
Por
estos días, en China habitan casi mil cuatrocientos millones de
personas, es decir, casi el 20 por ciento del total de la población
mundial; podemos decirlo de otro modo, en el planeta, un habitante de
cada cinco es chino. Se explica entonces el grado de dependencia, tanto
de ida y como de venida con el gran país oriental.
La
relación comercial de los países hoy es mayor que hace cinco, que hace
diez, que hace veinte años. La economía de un país no depende solo de su
propia producción sino de lo que produce el país vecino, un país del
mismo continente o uno de un continente lejano como es nuestro caso.
China está a 19.618 kilómetros de distancia de Chile.
Nuestros
productos tardan desde un puerto chileno hasta un puerto chino, en
promedio, 25 a 28 días. Un buen ejemplo y más preciso, un cargamento
rápido de cerezas chilenas, desde San Antonio a Guangzhou, tarda 22
días.
De
igual manera, los productos de procedencia china que ya abarrotan
variadas tiendas de Chile demoran similar tiempo en arribar a nuestro
mercado.
Y
esta vez no fue una mariposa, fue un… En fin, del origen o causante
hay, habrá muchas tesis, y no sé si habrá pruebas. A estas alturas, da
lo mismo. Fue. Y en cuestión de horas, de días, primero como
espectadores atónitos, no salíamos del asombro ante el número de
personas contagiadas, ante la potencialidad de muertos, ante la rápida
construcción de hospitales, ante la robotización en la atención de los
pacientes,…
Y,
pasaron los días, de la cautela a tibias planificaciones, y llegó a
occidente, con una simultaneidad abismante. Que Europa, y allí Italia,
España, Francia, Alemania, en mayor medida; que América, y aquí Ecuador,
Perú, Argentina,… ¡Chile!, era que no. Y, junto con el término de las
vacaciones, en pocos días, la fase 1, la 2, la 3, la ¡4!, ¡pandemia!, y
la curva se empina, junto con medidas de cuarentena graduadas, que ya
toman harta rigidez, la pensada, la impensada, también.
¿Saldremos
de esta? ¡Sí! Malheridos, pero saldremos. Y la humanidad, el planeta
habrá de recomponerse, sus habitantes habremos de aprender de este mal
paso.
El
efecto péndulo. ¡Acción, reacción! Se habrá de instalar un nuevo
modelo. La humanidad, todos y todas, habremos de superar nuestras
contradicciones y tendremos que buscar nuevas formas de comportamiento,
de convivencia política, social, cultural y económica.
Hipotetizo
un gran cambio. Esto no será gratis. El mundo será diferente, la
humanidad será otra. Al superar esta crisis no regresaremos al mundo
pasado, iniciaremos un nuevo modelo de vida.