A
más de un año de la llegada de la pandemia a Chile y el cambio de
formato de trabajo a la modalidad de home office, los modelos híbridos
de operación siguen ganando terreno para la mayoría de las empresas. Las
nuevas fórmulas de aforos reducidos, facilidades de traslado y acceso a
flexibilidad de horarios han sido un bálsamo para la reorganización de
la vida familiar en el transcurso de la crisis sanitaria, especialmente
por los cambios en el modelo educativo, y ahora, ante el progresivo
retorno presencial a los colegios.
El
9 de agosto de 2005 Brad Neuberg utilizó la palabra coworking para
definir al espacio físico donde un grupo de profesionales compartían
recursos y creaban sinergías en proyectos comunes. Brad había creado Hat
Factory en San Francisco (EE.UU.), un lugar de residencia y trabajo
para tres coworkers tecnológicos abierto durante el día para el uso de
otros profesionales. Luego fundaría Citizen Space con sedes en San
Francisco, Las Vegas y San José.
Con
cada vez más espacios disponibles en el país, el formato de coworking
considera la priorización de la salud y la seguridad en condiciones
flexibles. Las empresas están así rediseñando sus espacios de trabajo
tanto para un regreso exitoso a la oficina como para una modalidad que
llegó para quedarse.
Mientras
el país comienza poco a poco dejar atrás los confinamientos y
cuarentenas, los líderes laborales pueden tomar este modelo de trabajo
como un aliciente o mayor bienestar para sus equipos, después de tantos
meses de una grave crisis sanitaria. El mercado laboral chileno,
tradicionalmente monolítico y poco abierto a instaurar beneficios
disruptivos, puede ver aquí una alternativa para que sus colaboradores
puedan salir de la monotonía de las oficinas tradicionales así como de
sus confinamientos hogareños de manera segura y eficiente.
Durante
el 2020, 1 de cada 4 trabajadores se adaptó a la modalidad de
teletrabajo, según un informe del INE. Este gran cambio en el mercado
laboral local puede ser un buen punto de partida para este “nuevo
orden”. El ahorro de tiempos y recursos de traslado, la posibilidad de
conectar a personas distantes físicamente, incluso en diferentes
ciudades o países y la mayor autonomía en el uso del tiempo y
disminución de los costos en infraestructura de las empresas bien
podrían conjugarse en la adopción de esta nueva forma de trabajar.