Con más de una persona hemos comentado que, de alguna manera, podría decirse psicológicamente, seguimos en el 2020. Es como si los hechos que marcaron el año pasado estén demasiado presentes como para asumir que ya estamos en enero del 2021. Quizás las restrictivas celebraciones de año nuevo hayan contribuido a esa sensación y que, esos abrazos, hayan sido más una pausa que un cierre.
De cierta forma, las imágenes del Capitolio de Estados Unidos, invadido por activistas de extrema derecha, se convirtieron en un recordatorio de que, no solo las amenazas a la democracia están a la vuelta de la esquina, sino que también es muy probable que este sea un año tan turbulento como el anterior. Incluso ya fuera de la Casa Blanca, es esperable que Trump siga sosteniendo que le robaron la reelección y aliente a sus seguidores más radicales a nuevas acciones. Lo que allí pueda ocurrir, sin duda tendrá repercusiones internacionales.
Todos sabíamos que el Covid-19 seguiría con nosotros, pero en nuestro fuero más íntimo todos esperábamos que, con la llegada de la vacuna, la pandemia sería pronto un mal recuerdo. No será así.
Tal como hemos visto en países de Europa y Asía, el virus no da tregua y, al menor descuido, ataca con más fuerza. El alza sostenida de los casos a nivel país y la llegada de la cepa más contagiosa desde Inglaterra, auguran que durante gran parte de este año deberemos seguir usando mascarillas, lavándonos las manos de manera frecuente y manteniendo el distanciamiento social.
Las medidas de confinamiento cada vez son menos respetadas y proliferan las fiestas clandestinas, ya sea en comunas populares o en Cachagua, produciendo el mismo efecto propagador del virus que ya se ha cobrado la vida de miles de compatriotas. Como efecto colateral, la economía se resiente afectando de manera directa el bolsillo de las familias y alimentando una olla de presión social que en cualquier momento puede explotar.
De manera paralela, la delincuencia común, pero sobre todo el narcotráfico con su alto poder de fuego, no dan respiro y pueden convertirse en una seria amenaza para nuestra democracia si no hacemos un gran acuerdo nacional, por sobre los colores políticos, para combatirla de manera eficaz y decidida. Este es un tema prioritario.
Cruzando todo lo anterior, este año se dará inicio al proceso constituyente que partirá el próximo 11 de abril cuando se elija a quienes serán sus integrantes. El resultado, pero sobre todo la manera en que se desarrolle ese proceso podría marcar el ánimo del país durante este 2021. Hoy, más que nunca, necesitamos recuperar la capacidad de dialogar con quien piensa distinto a nosotros, por lo mismo los llamados a “rodear” la asamblea son una señal negativa.
Si algo quedó claro con el asalto al Capitolio en Estados Unidos es que las democracias, sino se cuidan, pueden verse seriamente amenazadas. Por eso es tan importante que nos alejemos de los extremismos de izquierda y de derecha, que representan posturas cerradas que no admiten la diferencia y que buscan imponer una sola verdad. Si lo hacemos bien, es probable que el próximo 31 de diciembre cuando abracemos a nuestros seres queridos, a la medianoche, efectivamente estemos cerrando un ciclo.