El
pasado 8 de marzo se conmemoró un nuevo Día Internacional de la Mujer, y
siempre es oportuno poder aprovechar este espacio de comunicación para
compartir algunas miradas con el propósito de invitar a reflexionar y
debatir sobre un tema del que probablemente debemos seguir abordando.
En
este contexto, no debe existir ninguna duda que, resulta fundamental
continuar dialogando sobre la acción que nos permita avanzar en la
anhelada igualdad de derechos, la justicia y el empoderamiento femenino.
Si hoy podemos observar avances, se ha debido precisamente a que han
sido las mujeres quienes han asumido la dura tarea y el desafío de
romper con las injusticias establecidas y acelerar los procesos que nos
conduzcan hacia una sociedad mejor.
Los
avances alcanzados en materia de derechos de las mujeres, son el
resultado de la lucha histórica por la igualdad. No ha sido sencillo ni
tampoco se ha facilitado el camino, pero aun así, hoy el tema está
presente en las agendas gubernamentales e institucionales, y eso,
claramente habla de un progreso.
A
pesar de los avances, persisten duros y significativos pendientes que
son necesario asumir con mayor celeridad y responsabilidad. Hablamos
aquí de la eliminación de la violencia contra las mujeres, un complejo y
triste estigma que vuelve a afectar a muchas mujeres en Chile y del que
nos ha costado mucho erradicar y generar una verdadera conciencia.
Resulta
fundamental poner a disposición todos los dispositivos y herramientas
del estado para combatir la violencia machista manifestada en todas sus
formas. Para ello, hace falta todavía fortalecer aún más los mecanismos
de protección para las mujeres, como así también las políticas públicas.
En
el mundo laboral, también se han contado avances, sin embargo, la
brecha entre hombres y mujeres continúa siendo amplia. Enormes
diferencias salariales, la igualdad de oportunidades o un acceso
efectivo a cargos de representación, gerenciales o de liderazgo, todavía
son temas que deben ser superados.
El
punto de partida, para el abordaje de todos estos aspectos, sabemos
bien dónde se encuentra; efectivamente, en la educación. Es, a través
del propio sistema educativo, en las aulas, donde mejor podemos
reflexionar y dialogar sobre igualdad de género, promoviendo el debate y
la educación de ciudadanas y ciudadanos que se forjen con el objetivo
de alcanzar un futuro y una sociedad más igualitaria.
Poner
el énfasis en una educación basada en la igualdad de género, el respeto
y la no violencia, es necesaria en una sociedad que por momentos se nos
presenta como caótica y sin respuestas ante las problemáticas que nos
afectan.
Tal
como lo he manifestado en otras oportunidades en este mismo espacio, y
aunque suene reiterativo, es mediante la educación, en un ejercicio de
enseñanza participativa, y solo a través de ella, como podemos generar
los grandes cambios y las transformaciones necesarias, como plantarnos
frente a los estereotipos tan arraigados en nuestra sociedad y que tanto
daño generan.