El abandono de Magallanes

Por mucho tiempo nos conocieron como una tierra inhóspita, austral, fría y aislada del centro del país.
Hoy más que nunca renace el concepto de República independiente, pero no por los fines regionalistas que nos marcaron hace décadas, sino porque claramente se ve que no formamos parte de nuestro país, Chile.
Con desesperación muchas personas ven como seguimos meses bajo restricciones sanitarias, mientras en el resto del país se reabre el comercio, comienzan las vacaciones, se abren restaurantes y todo vuelve a la normalidad.

En cambio, en Magallanes a nadie del centro le parece importar mucho que nos pasa, o cómo estamos enfrentando esta pandemia, creándose incluso excepciones para que ingresen turistas, mientras el resto de la comunidad sigue confinada a sus hogares, tratando de subsistir.

Con temor veo como esta región se vuelve una olla a presión que esta al borde de la explosión. ¿Qué esperan las autoridades? ¿Qué haya un nuevo estallido social?, pareciese ser que nos ponen a prueba una vez más, esperando camufladamente la inminente revuelta que pudiese provocar la mantención de las medidas que hoy en día imperan en la zona.

Basta con preguntar en todos los estratos sociales cómo ha afectado la pandemia sus economías, y cómo ven su futuro de mantenerse esta situación. Basta con tener un poco más de empatía y sensibilidad social, para darse cuenta que muchas personas se encuentran desempleadas, que las empresas siguen cerrando y que gran parte de la población ya esta haciendo ollas comunes para poder sobrevivir.

No es justo. No es justo para quienes trabajan en salud soportar extensas y agobiantes jornadas laborales sin premio ni recompensa. No es justo para el mesero del restaurant, el no poder acceder a las propinas que recibían de los comensales. No es justo para el peluquero que vivía de cortar el cabello. No es justo para el trabajador que se había proyectado y que ahora debe hacinarse para vivir. No es justo para el estudiante que no puede estudiar ni acceder a los programas de alimentación, porque el colegio no tiene los medios tecnológicos para que estudie a distancia o porque se encuentra cerrado y no puede darle comida. No es justo para los padres que trabajan y que más encima deben ayudar en las tareas a sus hijos. No es justo para los apoderados que pagan grandes sumas en colegios, para que sus hijos solamente tengan clases 4 horas al día. No es justo para los habitantes de Magallanes, ver como turistas pueden ingresar a la zona, y moverse con libertad, mientras nosotros llevamos meses encerrados por disposición de la autoridad. No es justo para quienes tienen demandas, y estas no avanzan por no estar las medidas y protocolos suficientes para que los tribunales puedan retomar la conducción de la Justicia con eficacia y eficiencia.

Basta.

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