El antigabrielismo

A
propósito, qué es este concepto de antigabrielismo acuñado por el
timonel del Frente Amplio, Diego Ibáñez, respecto al comportamiento
negacionista de la oposición que rechaza abiertamente todas las mociones
enviadas por el gobierno para su aprobación y que siguen en espera en
el parlamento.

Desde
mi punto de vista no hay un antigabrielismo, sino que hay un estilo
antigabrielista. Son muy distintos enfoques. Es cierto que existe una
mayoría de la población a las que no les gusta la forma en que actúa el
presidente, mientras que a otros no le convencen sus maneras de
gobernar, pero en ningún caso tomar tales posturas sean una
animadversión contra el presidente, o un antigrabrielismo.

Sin
embargo, para la oposición política al gobierno sí existe una condición
obstruccionista, le devuelven el favor al comportamiento del Frente
Amplio en el periodo de Sebastián Piñera, incluyéndole a él como
diputado de la República y sus injustificadas acusaciones
constitucionales.

La
sensación sobre la persona Gabriel Boric también pasa por un asunto
generacional. Principalmente se le percibe como un adolescente en
política, no le reconocen autoridad y eso es grave para el país y para
su coalición de gobierno. Se tiene que afrontar y asumir que existe esta
imagen sobre él, pese a ello es una realidad que no quiere ser
interpretada y está siendo negada por la alianza gobernante. Se le suma
que tampoco la coalición de gobierno reconoce que son minoría, limitando
su independencia de acción para someterse a la perpetua búsqueda de
acuerdos al interior del Congreso para sacar adelante sus propuestas,
teniendo que sentarse a dialogar con el corazón en la mano con la
oposición.

Hasta
cierto punto, el problema esencial del presidente es una contrariedad
de estilo, porque obviamente no puede pasar de ser un presidente
moderado juvenil, pacifista e inconformista hacia las estructuras
sociales y de un día para otro tomar posiciones en materias
trascendentes e intrascendente sin el mayor sustento, o sea, desde el
primer minuto debió hacerlo cuando se le requería más seriedad, no
justamente ahora.

Y
eso nos lleva a preguntarnos sobre cuál es el verdadero Gabriel Boric.
Acaso es quien determina, fija un estilo, formas de gobierno,
estructuras; o él que trata de quedar bien con todos los chilenos y con
la historia. Mejor dicho, acaso es el que adopta a veces la imagen de un
conciliador como Patricio Aylwin, lo mismo que un político progresista
moderado como Ricardo Lagos o un idealista como Salvador Allende. No se
puede congeniar con esas tres personalidades y esa realidad es la que
desconcierta. Obviamente, el estilo de poeta gobernante no sirve. “Se
hace campaña en poesía y se gobierna en prosa” una frase para el bronce
acuñada por el político estadounidense Mario Cuomo en 1985 y que
escenifica la situación.

Hasta
qué punto se puede soñar y en qué momento se materializan las ideas,
transformarlas en realidad. Entonces el presidente tiene que encauzar su
atrevimiento, su forma, su estructura política, para dar hechos
concretos. Ya no es el adolescente, el soñador de la universidad, el
muchacho que creó un movimiento o partido político, ni tampoco es el
diputado que interpelaba al poder del momento. Ahora está en el
gobierno, administra ese poder, ahora tiene que resolver y solucionar
los problemas y para eso necesita ser más ejecutivo y para ser más
ejecutivo tiene que ser más realista.

La
política se hace con la realidad, con la pelota contra el piso,
asumiendo que algunas cosas se pueden lograr mientras que otras no,
enfrentando las decisiones con el viejo adagio de “la política en la
medida de lo posible”. Este es sin duda su dilema político, zanjar la
brecha de la credibilidad entre lo que prometió y lo que al final podrá
realizar a causa de las condiciones que lo rodean.

Al
final, el problema es que la personalidad del presidente no agrada y no
se siente sincera. Eso puede darle el favor a quienes piensan que hay
un anti Gabrielismo. No obstante, esto no es un culto a un gobierno o un
culto a su personalidad, esto es política, la Realpolitik, pasar de la
teoría a la práctica, a la política real. Del romanticismo a las medidas
concretas. Y sabemos que la realidad siempre es menos idílica de lo que
deseamos.

El
escenario político del presidente es bastante complejo, ya que el único
antigabrielismo que existe radica dentro de la misma concertación desde
sus inicios, precisamente es la minoría parlamentaria de sus aliados
que no le permiten conseguir sus ideales tan revolucionarios.

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