La explicación: el arrastre.
En administración educacional no es posible asimilar las deudas de arrastre con la pérdida de arrastre en un establecimiento de comercio, que se produce cuando las utilidades del ejercicio no son suficientes para absorber la pérdida, de manera que se imputan a los ejercicios futuros hasta su total absorción, acá existe un dato cierto, excepto para ilusos, – no habrá ingresos futuros suficientes-, sino que por el contrario, disminuye la matrícula y el ingreso. La administración educacional es bastante más compleja, no es un dato puramente contable.
Es imperioso considerar el impacto que tienen hoy las deudas de arrastre y las prácticas de gestión en la Cormupa. Y no solo por lo que esta institución hace o no hace, sino que, también, por la forma como las enfrenta la institucionalidad educativa en su conjunto.
El municipio, vive esa permanente disyuntiva de institución que gestiona la educación, vive el conflicto, genera conflictos, necesita generar consensos, en un espacio públicos donde estos no abundan y los roles son confusos y los desvaríos también, la tendencia al mito del terno retorno, donde todo tiene que arder para refundarse.
El sistema de educación municipal es el único que se castiga asimismo, la boleta de garantía que se exige a la Cormupa, fue sólo una muestra, a ésta exigencia se suman la retención a la subvención por deudas previsionales, las retenciones por discrepancias, las multas de la Superintendencia de Educación por esas mismas deudas, las multas, los intereses corrientes y penales, las garantías y las multas aplicadas por esas mismas deudas, los embargos por deudas con proveedores y el personal, todo lo cual recarga el gasto corriente y hace insostenible el sistema si no existe claridad sobre el conjunto de variables que inciden en el gasto.
Las deudas de arrastre de una corporación, en cuanto obligaciones devengadas son siempre actuales y exigibles, son vigentes al momento de percibir la subvención, independientemente de la época en que se hubiere contraído el compromiso. Por tanto, son responsabilidad del sostenedor.
Todos los partidos políticos y candidatos tienen propuestas para resolver, a futuro, el financiamiento de la educación pública. Pero mientras no existan consensos básicos sobre cual es la nueva institucionalidad, subsiste la responsabilidad de los sostenedores involucrados para atender y responder a las necesidades educativas que hoy constituyen el sistema, parte de su responsabilidad es asumir el arrastre, adoptar las medidas de ajuste que se requieren, con formalidad, respeto por las personas y decoro, sin demagogia. Hoy esta administración tiene algo en común con todas las que le precedieron, todas responsabilizan al sistema, a la insuficiencia de recursos, a los problemas estructurales, pero lo cierto es que la única estructura existente depende de ellos mismos, de la administración actual, que asumió en las condiciones por todos conocidas.