El
asalto al Capitolio estuvo presente en el discurso de asunción de Joe
Biden, como Presidente de Los Estados Unidos, la primera potencia
mundial, sin la cual parece ilusoria la paz y los equilibrios básicos de
la política mundial. Con este episodio se acabó el mito de la
democracia invulnerable que daba cátedra a los países subdesarrollados
sobre libertades públicas y elecciones libres de todo cuestionamiento,
quedó al descubierto la fragilidad de esta forma de gobierno que hasta
la fecha no tiene antagonistas ni alternativas que proporcionen una
mejor calidad de vida. Esto sumado a la crisis que enfrenta la nación
más poderosa de la tierra que hasta la fecha no ha podido proporcionar
el cuidado debido a sus habitantes y no logra superar la pandemia,
mostrando su peor cara de descontrol y falta de solidaridad con la
mayoría de su población, especialmente de los más vulnerables todo lo
cual pone en tela de juicio su liderazgo mundial, y de paso amenaza con
cambiar el eje de las relaciones internacionales del que hasta hace poco
se consideraba su incondicional patio trasero.
En tal sentido, hace pocos días el Canciller Andrés
Allamand, llamaba a la prudencia y la comprensión para con el
pragmatismo del Presidente Sebastián Piñera, que a regañadientes debe
asumir que debe renunciar a su pretensión de liderar una cruzada
continental sobre derechos humanos o democracia, y privilegiar el
interés nacional y sus actuales relaciones de comercio internacional en
que China, ya es el principal comprador y socio comercial, después de
todo interesa donde se consume cada palta o melocotón chileno, es cosa
de sumar y restar, para comprender que se puede ser paladín de la
justicia opinando sobre Cuba o Venezuela, pero otra cosa es hablar de
China o Hong Kong. Tiene razón nuestro canciller, no vaya a ser cosa
que por irse de boca se repitan los errores de nuestra diplomacia en el
pasado que por hacer de vagón de cola del imperio dominante sacrificó el
interés nacional. Chile padeció en la primera mitad del siglo XX una
influencia en política internacional directamente proporcional al
aumento de las inversiones estadounidenses y a la orientación que el
imperio impartía, esto en directa relación con los intereses que le
imponía el comercio exterior. Estas presiones no son nuevas y el
llamado de atención del Canciller a una neutralidad activa, observante,
dialogante pero soberana, es una cuestión de Estado, que interesa a
todos y cada uno de los ciudadanos chilenos, que deben cultivar el
difícil arte de mantener la boca cerrada y privilegiar el interés
nacional por sobre cualquier otra consideración.
El asalto al Capitolio, será un episodio difícil de soportar
y sobrellevar no sólo para el nuevo Presidente de los Estados Unidos,
sino que obliga también a las democracias y a los gobiernos del Cono Sur
que aspiran a construir su propia forma de gobierno, en un nuevo orden
constitucional, a valorar lo propio, su autonomía y capacidad de
decisión, con la prudencia que se debe tener para no caer de buenas a
primeras en manos de las potencias emergentes, sino que privilegiar la
multilateralidad y el estricto respecto de los derechos humanos dentro
de sus fronteras primero antes de caer en la alabanza fácil o
transformarse en el censor de otros pueblos y gobiernos.
En
este contexto, la acusación al Presidente Trump, por incitación a la
violencia y promover actos supuestamente constitutivos de terrorismo
interno, algo inconcebible hace algunos meses, será un trago amargo para
los Estados Unidos, si se concreta,
pero su inhabilidad dejó de ser un problema interno de los Estados
Unidos, un capricho electoral, sino que la gran oportunidad que esa
democracia tiene de probar su fortaleza y su capacidad de liderar no
sólo por el poder de sus armas
nucleares sino que por los principios que inspiraron a sus padres
fundadores, caso contrario su liderazgo mundial ante Europa y América,
se verá severamente comprometido.