Existe
consenso en que la mala convivencia escolar se está dando en muchos
establecimientos educacionales y el bullying al interior de las aulas
también se ha trasladado al cyber bullying, es decir, muchos de los
niños y adolescentes trasladan esa molestia y ataques a los hogares, lo
que termina dañando fuertemente la salud mental de los escolares.
La
Ley General de Educación obliga a los colegios a mantener un Reglamento
Interno para regular las relaciones entre los miembros de su comunidad
educativa, y dentro de este, un Manual de Convivencia Escolar, que
determine la existencia de normas para promover un ambiente que
favorezca el cumplimiento de los objetivos educativos.
Hay
diversas leyes que disponen los contenidos que este manual debe tener,
entre los que se cuentan precisamente las estrategias de prevención y
protocolos de acción ante situaciones de agresión, violencia y
vulneración de derechos entre la comunidad escolar.
Es
por ello que hace unos años la Superintendencia de Educación envió a
los colegios una circular que reúne y clarifica todos estos contenidos
que los reglamentos internos deben tener, de manera de facilitar su
comprensión y su cumplimiento, y evitar los vacíos que muchas veces
terminan motivando las denuncias por parte de los apoderados y que
entorpecen el actuar de docentes y directivos.
En
ese contexto, una de las novedades de la mencionada circular es la
incorporación explícita del deber de los colegios de contar con
protocolos de acción y prevención ante situaciones no solo de maltrato
físico, sino que también de violencia por medios digitales.
El
bullying, así como el ciberbullying, son hechos lamentables, pero son
una realidad, y por el bienestar de niños y jóvenes es necesario hacerse
cargo y dejar de improvisar.
Un
mal manejo en esta materia puede llegar a tener consecuencias
lamentables y hasta la sala de nuestra redacción ya han llegado
numerosas denuncias contra diversos colegios de la Región de Magallanes y
Antártica Chilena donde se están vulnerando los derechos de nuestros
niños y adolescentes y en muchos casos se cree que se está trabajando en
forma adecuada, y cuesta mucho reconocer los graves errores cometidos.