El baile de los que sobran

Cada día desde el inicio de las manifestaciones cientos de jóvenes se hacen presentes en las calles. En todas las marchas sin duda son la mayoría de los participantes. Tienen diversas características, algunos son adolescentes otros mayores, unos secundarios otros universitarios, unos cesantes otros trabajadores, pero de una u otra forma en las calle conforman una unidad, una forma de expresarse, defenderse e identificarse. Son nuestros jóvenes formados bajo la sociedad que creamos post-dictadura, son el resultado de nuestro sistema, de nuestra educación pública. Son jóvenes que han visto jubilar sus abuelos con pensiones miserables y a sus padres administrar pobreza, llegando tarde y cansados cada día. Son nuestros jóvenes que no visualizan futuro en un País excluyente. Son nuestros jóvenes que dejaron de creer en todo, especialmente en la democracia. Son nuestros jóvenes que ven en las barricadas una forma legítima de expresar su rabia y descontento. Son nuestros jóvenes que luego de aburrirse de patear piedras pasaron a recogerlas y lanzarlas. Hace 25 días comenzó la música y este es el Baile de los que Sobran.
Al principio de las manifestaciones vimos la versión más violenta de esta expresión juvenil. Vimos saqueos o intentos de saqueos, destrucción de propiedad pública y privada y enfrentamientos con las fuerzas de orden y seguridad. Se les catalogó de violentistas, encapuchados, terroristas, vándalos y muchos ocuparon la palabra lumpen.  Y una vez más generalizamos y estigmatizamos. La mayoría de nuestros jóvenes, miles de ellos, se manifiestan pacíficamente cada día en marchas, cacerolazos u otra expresión de protesta, como el que no baila no pasa. Al llegar la tarde-noche otro grupo de jóvenes, un centenar de ellos, inician las barricadas y esperan la llegada de carabineros, acompañados de otro centenar que se dedica a mirar y luego correr, quizás como una forma de solidarizar. Un grupo menor, no más de unas decenas, optaron por la destrucción y el saqueo, una expresión violenta que todos rechazamos. Desde la opción mayoritaria hasta la minoritaria, una generación de jóvenes, desde el año 2005, nos viene gritando desesperadamente que la democracia y la sociedad que hemos construido no los considera, no los protege y no los promueve. Los jóvenes son el futuro, pero hoy ellos no lo ven, por lo tanto no tienen nada que perder. Desconocer esta realidad es no entender lo profundo y grave de este conflicto social.
Terminado este estallido social, político y económico una nueva sociedad debe surgir. Los jóvenes deben creer y sentir que otro Chile es posible. Una nueva agenda de Desarrollo que incluya y priorice los jóvenes no sólo es necesaria, es vital para el bienestar del País y la justicia social. De lo contrario, unos años más, los jóvenes nos volverán a cantar “nadie nos quiso ayudar de verdad”.

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS