El caballo y el gobierno

Para
gobernar bien un caballo debemos conocerlo. El caballo se debe amansar
de manera amistosa y eso tarda un tiempo. Debemos alimentarlo
correctamente para que se desarrolle bien físicamente y además quererlo,
para se comporte adecuadamente. El caballo a veces se asusta de manera
sorpresiva, cuando sucede un imprevisto. Al caballo hay que herrarlo
bien, para que sus manos y patas puedan resistir el trajín del trabajo.
El caballo, com
o
el jinete, tienen su vida útil. El caballo sabe cuando el jinete es
inexperto y se comporta de distinta manera con un jinete experimentado.
Al caballo a veces hay que apurarlo y también a veces llevarlo a tranco
suave. El caballo reconoce a los miembros de su tropilla. Hay caballos
que a veces se “empacan”, cuando se les maltrata, se les lleva a lugares
desconocidos o se enfrentan a la s
oledad
del sendero. El caballo tiene buena memoria y no olvida donde estuvo y
donde está “su casa”. Al caballo se le tusa, para que se vea bien, así
como el jinete en los días importantes se viste elegante. Al caballo se
le “rasquetea” para que se vea limpio y bonito. El caballo es versátil,
sirve para trasladarse, para trabajar la tierra, para dar espectáculo y
para tirar un coche o un coloso. Tan importante como un buen caballo, es
un buen jinete. Si el jinete es un aprendiz, resulta irresponsable que
se suba a un caballo chúcaro, pues se puede caer. Los gobiernos son por
definición chúcaros. Si el jinete se pone a galopar en un terreno
inadecuado también se puede caer. Si se maltrata al caballo, éste no
será dócil. Si el jinete se viste con atuendos ajenos a su condición,
hará el ridículo. Montar un caballo requiere de una vestimenta adecuada y
acorde con el “mundo del caballo” y de los jinetes. Una caída del
caballo podría ser fatal. Como los seres humanos, los caballos a veces
se enferman y hay que tratarlos oportunamente. El caballo acompaña a
Chile desde el origen de la nación, y fue clave en su consolidación y en
la defensa de su soberanía. Hoy el caballo es esencial en la defensa de
nuestras tradiciones. Prueba de esto, es la vitalidad del Rodeo
Chileno, deporte nacional. Por todo lo anterior, es muy importante la
coordinación entre jinete y caballo. Lo antes expresado, es aplicable al
gobierno de la Nación. Si el presidente no tiene experiencia y gobierna
a su “antojo”, es muy probable que fracase. Un presidente debe respetar
las normas y debe asumir el cargo cuando tenga la necesaria
preparación. Un presidente debe ponerse corbata cuando va a una cumbre
de gobernantes. Si no, “hará el ridículo”, igual que un jinete que
aparezca con chaqueta roja en un rodeo, y además no podría participar.
Gobernar es jinetear. Es apurar y demorar, es galopar y tranquear.
Gobernar es respetar, dosificar y afirmarse cuando hay sorpresas.
Caballo y gobierno es a jinete y presidente. Caballo es historia y
tradición. El jinete respeta su pasado y su entorno y un presidente debe
respetar a la Patria y a sus símbolos. Tanto el jinete como el
presidente deben estar preparados para largas jornadas. Hay caballos
para correr, otros para arar, otros para llevar ca
rga
-pilcheros- y otros para saltar. Cada jinete prepara a su caballo para
que sea eficaz en su accionar. El caballo requiere de una montura, la
que debe ser blanda para no dañar el lomo y las riendas deben calzar con
el tamaño de la cabeza. El jinete usa sombrero o boina para que el sol
no lo maltrate y el presidente debe también protegerse, pues su salud es
important
e.
Si el jinete falla, todo falla, y no se llega a destino. Si al caballo
no se le enseña y conduce de buena manera, también todo falla. El
consejo de un viejo jinete es que si un presidente no sabe, que pregunte
a quien sabe y acate y no se haga el lindo, pues se podría caer del
caballo. Si además hay público “hará el loco” y lo van a pifiar. Si
quiere que lo aplaudan y llegar a destino, el presidente debe conducir
prudentemente y siguiendo normas que no pasan de moda. Son aquellas que
los jinetes aplicamos desde siempre. O te comportas, o te caes.

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