Frente a la crisis en Venezuela, la prensa y la opinión en general abordan el problema como si tratara de una simple desavenencia entre las partes, como la simple falta de diálogo entre oposición y gobierno.
Lo interesante es que frente a la debacle venezolana, en Chile varios adeptos al socialismo, incluidos precandidatos presidenciales, han dejado de aludir al socialismo del siglo XXI y el cliché de la Patria Grande.
Todos evitan decir que en Venezuela gobiernan los socialistas, salvo algunos que probablemente tienen más que filiaciones ideológicas con la casta chavista. En otras palabras, se ha dejado de aludir al ideario político que mueve a Maduro, Diosdado y todos sus seguidores y esbirros. ¿Cuál es ese ideario? La promesa de una nueva libertad bajo el socialismo del siglo XXI.
En Camino de Servidumbre, Friedrich Hayek decía que la gente había olvidado las advertencias de los viejos pensadores liberales con respecto a la falsa promesa del socialismo: el supuesto salto desde la precariedad a la abundancia, desde la libertad formal de la igualdad ante la ley, a la libertad auténtica de la igualdad material sin necesidades. Hemos olvidado que el mismo ideario que tiene a Venezuela sumida en la miseria, la impunidad y el autoritarismo, es el que durante el siglo XX llevó a algunos países a caer en la dictadura y el totalitarismo.
Las tendencias cada vez más autoritarias del gobierno en Venezuela no tienen nada de extraño si consideramos el ideal que mueve a la casta política dominante. Porque la exacerbación del control sobre las decisiones económicas que promueve el socialismo, da lugar a las tendencias autoritarias y antidemocráticas de los gobernantes socialistas.
Porque lo cierto es que el afán de reemplazar las lógicas del mercado por las del Estado, mediante un control férreo de la vida económica bajo la excusa de evitar los supuestos vicios de la libertad, se torna incompatible con el pluralismo político y social que es el fundamento de la democracia.
El socialismo en ese sentido, siempre ha hecho la misma promesa con los mismos resultados nefastos. La paulatina supresión de la libertad económica bajo la excusa de generar igualdad, da paso a la paulatina supresión de la libertad política bajo la excusa de defender la democracia.
Eso, inevitablemente dará paso a la arbitrariedad, la miseria y la servidumbre generalizada. ¿No es eso acaso lo que ocurre hoy en Venezuela? Sí, eso es lo que pasa. Lo peor es que en ese proceso no sólo la libertad de elección queda sometida (en el caso de Venezuela al capricho de los militares) sino que la ley es torcida por los gobernantes.
Es decir, deja de ser un contrapeso para resguardar derechos individuales y se usa para justificar las arbitrariedades de los déspotas socialistas. Ahí están las leyes habilitantes de Chávez y Maduro, que no son otra cosa que la legalización de la arbitrariedad. Así, bajo este escenario, tal como advierte Hayek en Camino de Servidumbre: «habrá especiales oportunidades para los brutales y faltos de escrúpulos».
Así, bajo el socialismo, la igualdad ante la ley y los derechos humanos terminan siendo letra muerta frente al antojo de las autoridades, incluidas las de más bajo rango. Entonces, los policías asaltan y permiten la impunidad de los colectivos armados.
Todo esto no se produjo por azar sino por la dinámica colectivista impulsada por Hugo Chávez en nombre del socialismo del siglo XXI. Porque como advertía Hayek: «Cuando llegue a ser dominada por un credo colectivista, la democracia se destruirá a sí misma inevitablemente».