El mandato presidencial de Gabriel Boric tiene muchas tareas pendientes y la mayoría de ellas viene de los últimos tres años, que han sido muy malos
para el país. El Chile que todos anhelamos se fue cayendo a pedazos,
con muchas imposiciones premunidas de la mano de la violencia. Ante
ello, los dos últimos mandatos -Michelle Bachelet y Sebastián Piñera-
cedieron de forma muy peligrosa, porque ambos se alejaron completamente
de sus programas de gobierno,
incluso terminaron distanciados con los mismos partidos que los
llevaron por segunda vez a La Moneda. Ese país que creíamos iba en un
ascenso constante se ve enfrentado hoy a una pobreza que se refleja en
las calles producto de los acontecimientos que nos han afectado mucho,
con un nivel altísimo de delincuencia y con graves problemáticas como la
descontrolada migración. Los reclamos por lo que ocurre se mantendrán
si es que Boric no tiene un sólido liderazgo. El magallánico llegó hace casi
tres semanas al mandato en medio de un país gravemente deteriorado
económicamente. La mayoría del país no lo ha pasado bien. Hemos visto en
primera fila cómo se han
perdido todos los respetos, especialmente por instituciones señeras en
nuestro país como las Fuerzas Armadas. Porque estamos en una nación
carente de orden y seguridad. Los mismos vecinos de Magallanes han
reclamado por la impunidad a la que nos vemos enfrentados, con una alta
cantidad de casos sin resolver: asesinatos, desaparición de personas y
otros tantos ilícitos que acá quedan impunes. También en las últimas
décadas pareciera que se premia la corrupción y los delitos de cuello y
corbata. Vemos cómo incluso muchos parlamentarios han pasado por el sillón de los acusados y finalmente los casos no quedan en nada. No hay jerarquías morales y jurídicas. Todo pasa por el desgobierno total al que nos vimos expuestos en los últimos 10 años.