Un
discurso es una forma de comunicación en la que un emisor construye un
mensaje y lo transmite a un receptor utilizando un código (que
usualmente es el lenguaje) a través de un canal, que puede ser oral o
escrito, en la política se utiliza de preferencia de manera oral sobre
un asunto determinado, pronunciada ante un público a fin de convencerlo o
conmoverlo, especialmente en los actos electorales. El discurso
político puede ser narrativo, para conmover, expositivo, para explicar
medidas políticas, informativo para dar a conocer medidas políticas
tomadas o publicitario, llamado en política, demagogia, sin embargo, así
como existe el discurso, también nos encontramos, principalmente con la
clase política de este país, con el doble discurso, que es una
discrepancia entre lo que se dice y lo que se hace. Sobran ejemplos
entre nuestra dirigencia de quienes dicen vivir para y por el pueblo,
pero practican la dinastización. “Del dicho al hecho hay un largo
trecho”, reza un viejo refrán popular, en lo regional tenemos los casos
más recientes, solo por nombrar algo, los dos parlamentarios de la
cámara baja, uno simplemente no quiso votar para no quemarse y la otra
votó en contra de la Ley Naín–Retamal, sin embargo,
ambos diputados hacen gárgara diciendo que están en contra de la
delincuencia y que apoyan a los Carabineros, tenemos los casos de altas
autoridades del gobierno, todos ellos al día de hoy ministros
de Estado que en su momento denostaron, agraviaron y maltrataron a los
Carabineros de Chile con epítetos como pacos, pacos rasos, pacos
asesinos, carabineros inútiles, yuta, acab, etc., y que al día de hoy,
supuestamente dicen estar arrepentidos y que dichos insultos fueron
cosas del momento, en esta misma línea tenemos al mismísimo Presidente
de la República, votó en contra de los estados de excepción y a la fecha
ha pedido más de 12, cuestionó duramente a Carabineros y hoy día
respalda el uso de la fuerza, apoyó todos los proyectos del 10% y ahora
se niega al quinto retiro, etc., debido a ello es conocido como el rey
de la volteretas, y en estos últimos días fue capaz de arrodillarse frente a una viuda de un mártir de nuestra Policía.
El doble discurso también se desnuda sin pudores entre quienes preconizan transparencia en los actos de gobierno,
hasta, precisamente, acceden al gobierno, de igual forma los doble
oradores se cuentan a raudales entre quienes piden que se les respete,
pero no son capaces de honrar a los que piensan diferente. Son los que
practican el nepotismo mientras pregonan la meritocracia, son quienes
dicen defender los derechos de todos, pero a los que solo desvelan los
derechos de determinados sectores. Son capaces de transformar una
democracia en el peor de los totalitarismos, como los de Venezuela, Cuba
o Nicaragua, los que hacen distingos deplorables entre quienes, a su
juicio, merecen que se les respeten sus derechos humanos y quienes no.
Entre
estos doble pensadores no solo se encuentran los políticos, también los
sindicalistas y empresarios que ponderan las reglas, pero solo buscan
prebendas, los empresarios que se dicen a sí mismos aperturistas, pero
le huyen a la competencia; los maestros que no enseñan; los médicos que
no curan; los obreros que no trabajan; los profesionales sin
profesionalismo; los sindicalistas atornillados desde hace décadas a sus
cargos, enriquecidos a base de no haber trabajado jamás; también se
encuentran los del silencio cómplice, la memoria corta y selectiva,
siempre dispuestos a olvidar y perdonar por razones pragmáticos
electorales, partidarias, ideológicas o de mero beneficio personal.
Porque el doble discurso no es patrimonio de ningún sector, es,
probablemente uno de los capitales más extendidos y suculentos de
nuestro país. Es la autoprotección de los cínicos, y cínicos, se sabe,
hay en todas partes.