El cóctel Neoliberal

La mezcla reúne dos modelos contrapuestos. El socialismo es una ideología que aspira a formar un determinado tipo de sociedad, mediante la aplicación de la coacción del Estado. El liberalismo, en cambio, es una doctrina sin más pretensiones que la de simplemente establecer la libertad como el valor más preciado desde el punto de vista individual y social. Libertad v/s coacción del Estado.

¿Pero que combinación de Socialismo y Liberalismo tiene el cóctel neoliberal de nuestro país? Veamos:
El precio más importante de cualquier economía es el precio del dinero o la tasa de interés, que define cuanto será el ahorro y la inversión del país. Pues bien, la tasa de interés que rige en nuestro país no es libre, sino que está fijada por el Estado a través del Banco Central, que mediante su manipulación, genera inflación y ciclos económicos. Nada de mercado y mucho de estado hay en la fijación de la tasa de interés.

Otro recurso de producción fundamental es la mano de obra, cuyo precio también es manipulado por el Estado por medio de los sueldos mínimos, previsión obligada, impuesto a la renta, etc…  El Estado además penaliza la movilidad mediante altas indemnizaciones, que dificultan la reasignación de la mano de obra hacia sectores de mayor productividad. La recomendación más recurrente de los expertos internacionales para que Chile recupere su tasa de crecimiento, es la liberación del mercado laboral.

En un área tan sensible como la educación, el poder del Estado lo domina todo. No por el hecho que más de la mitad de los jóvenes asista a un colegio privado estamos frente a lo que eufemísticamente han llamado la “mercantilización” de la educación. Por el contrario, el Estado impone a colegios públicos y privados por igual, un proyecto educativo único a través de los planes y programas que establece el Ministerio de Educación. No hay espacio para generar planes que se adecuen a las singularidades y competencias de los jóvenes. De ahí el desencanto de alumnos y profesores y no debe sorprender el fracaso de los resultados.

Las múltiples restricciones que se aplican a las actividades comerciales han contribuido a dificultar el ingresos de nuevos emprendedores y han favorecido la formación conglomerados gigantescos que facilitan la colusión. Ahí está el caso de las farmacias. Que distinto sería si se permitiera la venta de remedios en cualquier establecimiento, como ocurre en otros países. Y para las zonas extremas, cuantos más bajos podrían ser los fletes si se abriera el cabotaje a naves extranjeras.

En fin, son innumerables los ejemplos que demuestran que nuestro cóctel de neoliberalismo criollo tiene mucho más de socialismo que de liberalismo. Por eso los que claman por una mayor intervención del Estado, están pidiendo más de lo mismo. Y los que piden más de lo mismo son por definición conservadores, aunque envuelvan sus propuestas con banderas revolucionarias. Los verdaderos antisistema, los verdaderos revolucionarios de esta época, son los que proponen comprimir al Estado y devolver el protagonismo a la sociedad civil.

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