El complot migratorio

Si
hoy viviese el genial Lukas (Renzo Pechennino), sin duda haría una
reedición modificada de su obra “Bestiario del Reino de Chile”, a fin de
introducir a ese personaje mitológico que se ha aparecido de facto: el
“migrante”, especie global mal singularizada. Existe el “inmigrante”, y
el “emigrante”, pero la mitología política idiomática de izquierda ha
inventado ese raro ser a fin de disimular un complot que mina las bases
mismas de nuestra identidad y cultura, ya que no es fruto de la
evolución histórica sino de una revolución que es lo que tenemos y
sufrimos en Chile.


Uno de los paradigmas del globalismo progresista es el de las fronteras
abiertas, en que fuerzas y organismos internacionales determinan a qué
países y en qué cantidad se trasladen las personas en un reacomodo de
la población del planeta. Además de su reducción, claro. Es una
planificación global, se ejecuta en varias partes del mundo, pero en
América Latina ha alcanzado niveles increíbles, derivados de
organizaciones ideológicas transnacionales, gobiernos de izquierda
radical, organizaciones criminales poderosísimas, todos aprovechándose
también de una creciente frustración y desesperación de millones
sometidos a gobiernos populistas e inútiles que son característicos de
la región. No son casualidad ni las caravanas de miles de “migrantes”
hasta la frontera con EE.UU., país que posee los recursos y la voluntad
de defender sus “borders”, y la entrada diaria por el norte de Chile de
cerca de mil personas de variados orígenes. A un país que no tiene ni
voluntad de ni recursos para defender nada, y que ha rendido sus
fronteras a sus enemigos.


No es casualidad que el principal punto de filtración sea la frontera
con Bolivia, país que tira la piedra y esconde la mano, país con una
larguísima historia de divergencias y de rencores hacia nuestra Patria.
Miles de extranjeros están pasando por su territorio hacia el nuestro,
pero no los reciben de vuelta, evidenciando la mala fe de su actuar. De
esa manera, el verdadero poder de Bolivia, Evo Morales, y detrás el
grupo de Puebla, le infringen a diario un grave daño a Chile, como lo
intentaron con el mamarracho constitucional rechazado, basado en las
ideas de García Linera ministro de Morales y gurú reconocido de nuestro
“ilustrado” Gabriel Boric. Con esta “migración” promovida y financiada,
por el gobierno de Maduro, sin duda el de Petro ahora, el Tren de
Aragua, el Servicio Jesuita al Migrante financiado a su vez por el
gobierno de Chile desde la era Bachelet, y que se ejecuta a través de
delitos internacionalmente sancionados como el tráfico de personas y
otras, el Estado de Bolivia la causa a Chile un daño profundo “desde
adentro”, sin balas, pero que en el mediano plazo significaran un
debilitamiento de nuestra nación y su posición frente a ellos, maxime
con un presidente que ha dicho quiere dar salida al mar a Bolivia. Nada
es casualidad. Tampoco las armas ingresadas desde Bolivia.


Esto es un complot de varios planos, que apunta a dañar y destruir las
bases de nuestra nacionalidad y cultura. El “proceso migratorio” que
Chile sufre desde menos de una década, es artificioso y tendencioso,
ideologizado y hábil, que está logrando cual termitas, socavar las bases
culturales de la nacionalidad y nuestra identidad. Esto tiene que
pararse y revertirse. No son solo los miles de criminales, son
costumbres y culturas que chocan con la nuestra, gente ruidosa,
irrespetuosa, que ha obligado a miles de chilenos a “migrar” desde sus
propios barrios. Ellos no aceptan someterse a nuestros parámetros,
modales y cultura, y lo reconocen. Esto se preparó por años, por la
izquierda radical y también la derechita que promovió una ley de
migraciones que no es más que un protocolo de legalización de
extranjeros. Así se disipa el sentido de nación única, superado el otro
mito de los “pueblos originarios”, otra mentira también promovida desde
Bolivia.


En el norte del país, nuestras FF.AA. son un mero comité de bienvenida
a inmigrantes de ingreso ilegal, así también se va reduciendo ese otro
“problema” y se les va transformando en las “fuerzas de paz” como quiere
la ONU y el globalismo. Chile sometido a Bolivia, no hay enemigo chico.
Bastaría con que cerremos nuestras fronteras y puertos a esta agresión
de La Paz, pero la colusión ideológica entre ambos gobiernos es
evidente. Chile está perdiendo su voluntad de ser, recuperarla exige
como primera medida cerrar de verdad las fronteras. Bolivia y otros nos
doblegan.

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS